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Zulma Villatoro llegó de Guatemala a los 14 años para reunirse con su familia en Chester (PA). A pesar de haber seguido un proceso legal por más de diez años, el próximo 2 de julio podría ser deportada.

Zulma Villatoro tiene 15 semanas de embarazo y espera con ansias el nacimiento de su segundo bebé aunque aun no sabe si será varón o mujer o si nacerá en Estados Unidos debido al proceso de deportación que enfrenta. 

"Que sea lo que quiera diosito, pero que venga sanito", dijo la guatemalteca, de 28 años, con una sonrisa. La más emocionada en recibir al nuevo miembro de la familia es su pequeña hija de cuatro años llamada Reyna Rubí. 

La niña sentada al lado de su madre, se aferra con recelo al estomago de esta, tal vez presintiendo el peligro en que ella se encuentra.

"Sí logrará arreglar mis papeles me gustaría poder estudiar y seguir trabajando para que mi hija se sienta orgullosa de mí. No me quiero separar de ella porque  me necesita. Cuando no vea a su mami no sé lo que va a pasar", dijo Villatoro.

Y es que la guatemalteca recibió el 2 de mayo una notificación por parte del Departamento de Inmigración de Estados Unidos donde se le informó que tenía 45 días para comprar un boleto de regreso a Guatemala y 60 para abandonar el país. "Mi abogado me dijo que ya no podía hacer nada por mí y que el caso estaba perdido, debo salir del país el 2 de julio".

Después de años de invertir en abogados y de cumplir con múltiples  requerimientos legales, Zulma es la única en su familia que no ha logrado convertirse en residente legal de EE.UU. Sus padres lograron terminar el trámite hace varios años y de sus cuatro hermanos menores, el mayor está a punto de obtenerla, el segundo ya es residente y los dos más chicos son ciudadanos estadounidenses.

"Para mis papás fue muy importante arreglar sus papeles para poder tenernos aquí. Les ha salido muy caro estar en Estados Unidos y desde el principio ha sido una experiencia de sacrificios y trabajo", dijo Zulma. 

Pese a los esfuerzos de la guatemalteca por legalizar su estatus migratorio en EE.UU., ella considera que recibió el ultimátum debido al mal manejo del antiguo abogado que llevaba su caso.

La familia de Zulma prefirió mantener el nombre de su antiguo abogado y del despacho anónimos para evitar problemas y por temor a represalias.

"El mayor problema en el caso de Zulma es que las leyes en este país no perdonan, son poco razonables y muy terribles", dijo el abogado que actualmente lleva el caso de la guatemalteca, David Bennion, de la organización no lucrativa Nationalities Service Center (NSC).

Para Bennion, el caso de Zulma es excepcional no solo porque ella se vería beneficiada con la aprobación del DREAM-Act, sino porque aunque existen millones de personas en su situación, estas nunca serán sujeto de un artículo en un periódico o siquiera hablarán con un abogado que les pueda informar sobre su situación y sus posibilidadades. 

"Simplemente son deportados", dijo Bennion.

Zulma tiene una niña de cuatro años y tiene 15 semanas de embarazo. Lo que más le dolería si fuese deportada sería tener que dejar a su hija al cuidado de su madre.

 

El viaje hacia una vida 'mejor'

La familia Villatoro ha residido en la ciudad de Chester (PA) desde hace más de 15 años, donde se han ganado con trabajo duro una vida tranquila y modesta. Todos salieron huyendo de la violencia que azotaba su país natal, Guatemala, en busca de mejores oportunidades.

Los padres de Zulma fueron los primeros en llegar como indocumentados a EE.UU. y poco a poco pagaron el viaje para traer de uno a uno a sus hijos.

"Mis padres nos dejaron al cuidado de mis abuelos cuando yo tenía como cinco años. Mi mamá dijo que iba a la tienda y nunca regresó, siempre la estuve esperando", dijo Zulma, quien agregó que a pesar de su partida siempre les envió dinero.

Ella fue la última en reunirse con su familia en Chester. Salió en agosto de 1997 cuando tenía 14 años desde el municipio de Huehuetenango, situado a 264 km de la capital, con otras 35 personas y un 'coyote'. 

"Viajamos en dos camionetas por Guatemala y después nos cambiaron a unos buses, todo el grupo venía para Estados Unidos", recordó Zulma.

En México recogieron a muchas más personas de toda Latinoamérica, hombres, mujeres y niños que repartieron en varios autobúses.

Según contó la guatemalteca, en el trayecto no tuvo noción del tiempo ni puede recordar exactamente por cuáles ciudades pasó.

"Al bajar de los buses nos metieron en una casa vacía donde se tiene que esperar a que caiga la noche, que es cuando se puede caminar por el desierto. El coyote te explica que 'él que tiene que correr, corre, y el que no se queda atrás' porque lo agarra inmigración", contó  Zulma.

Con un grupo de diez personas caminó durante horas en la oscuridad del desierto sin tener más guía que las voces del 'coyote' y el miedo a separarse. "No se ve absolutamente nada, tenía mucho miedo pero tenía que correr porque si no te agarran".

Al cruzar la frontera de un momento a otro se puede ver el nuevo panorama de las ciudades.

En el último trayecto del viaje se va repartiendo gente por distintos puntos de Estados Unidos. 

A Zulma ya la estaban esperando en Chester.

"Me bajaron en un McDonald's donde ya me estaba esperando mi papá. Cuando lo vi sentí mucha emoción, me dije 'ya la salvé'".

Zulma asegura que si tuviera que volver a cruzar ilegalmente y no tuviera hijos, lo haría. 

"Pero ahora con mis hijos no lo haría porque no podría arriesgar a mi bebé. Si hace 14 años era difícil ahora lo es aun más. Amo a mi familia pero es demasiado peligroso. De ser deportada me quedaría en Guatemala esperando".

 

"El mayor problema son las leyes"

Hace más de diez años la madre de Zulma inició el proceso de residencia para su hija por medio del mismo abogado que procesó su caso y el de su esposo. 

En febrero del 2009 agentes de la Agencia de Inmigración y Aduanas (ICE) irrumpieron en la casa de la madre de Zulma para notificarle sobre el proceso de deportación de la guatemalteca.

"Les dije que yo necesitaba hablar con mi abogado y les mostré mis documentos. Al día siguiente me presenté en las oficinas de ICE en Filadelfia junto a una abogada del despacho que me representaba. Ahí mismo me informaron que yo podía formar parte del grupo ISAP", dijo Zulma.

El programa de la agencia llamado Subject Under Intensive Supervision and Appearence (ISAP) mantiene un control y monitoreo sobre individuos que han sido detenidos.

Este puede ser por medio de visitas semanales a sus casas, brazaletes electrónicos o las visitas de los propios detenidos a las oficinas. 

El programa es implementado en ocho ciudades de Estados Unidos: Filadelfia, Denver, San Francisco, Portland, St. Paul, Miami, Baltimore y Missouri.

"Desde entonces entré a este grupo donde tengo que ir cada mes a registrarme y presentar la identificación que me dieron. Creo que era eso o la cárcel y la verdad es que los agentes de ICE siempre se portaron muy justos conmigo y me ayudaron bastante", dijo la guatemalteca.

También desde su inclusión en el programa pudo sacar una visa de trabajo y su seguro social. Gracias a esto creyó que aun podía estar en proceso de arreglar sus papeles, y desde entonces ha trabajado en un McDonald's de su ciudad.

Tiempo después la familia encontró ayuda en la iglesia Saint Katharine Drexel de Chester por medio del agente pastoral Tim O'Connell, que trabaja para un programa de la Arquidiócesis de Filadelfia llamado Clérigo Hispano del Condado de Delaware.

Este programa se encarga de ayudar a la comunidad inmigrante en distintas necesidades que puede enfrentar.

"Fue hace como un año que Zulma compartió conmigo su historia y de inmediato le dije que debía contactar a NSC. Sin embargo ella aun quería continuar con su antiguo abogado", dijo O'Connell.

Así fue que el caso cayó en manos de Bennion hace un par de semanas, quien cree que aun puede apelar por la estancia de Zulma en el país.

"Me di cuenta que ella podría ser amparada por la iniciativa del DREAM-Act si esta fuera aprobada, ya que es menor de 35 años, llegó a Estados Unidos cuando era menor de 16, tiene un diploma de 'high school' y no tiene antecedentes penales", dijo el abogado, en referencia a la iniciativa para legalizar el estatus migratorio de los estudiantes indocumentados en EE.UU.

Zulma obtuvo su diploma de 'high school' en Chester High y tenía el sueño de unirse a las Fuerzas Armadas una vez que terminara. Sin embargo debido a su estatus migratorio la idea era imposible.

Bennion explicó que uno de los errores que cometió el antiguo abogado de la familia Villatoro fue el año en que sometió los papeles. De haber sido iniciado el proceso un año después, habría tenido más posibilidades, según su abogado.

"El caso fue puesto en proceso demasiado pronto como para poder calificar para un tipo de procedimiento, donde se podría comprobar que su hija experimentaría dificultades y privaciones extremas si su madre fuese deportada", explicó Bennion.

Otro error fue la decisión por parte del antiguo abogado de no apelar ante el fallo de un juez que negó la aplicación de asilo político. También recibió el pago por un papeleo que aparentemente no procesó a tiempo.

En estos momentos las posibilidades para que Zulma pueda quedarse se han complicado aun más.

"Sí el DREAM-Act hubiera sido aprobado definitivamente hubiera podido aplicar y podría haber sido procesada como cualquier otra petición migratoria, y después podría calificar para obtener un estatus condicional. Tendría dos años para incursionar en la  universidad o unirse al ejercito", agregó Bennion.

La esperanza que queda es que aunque el DREAM-Act no ha sido aprobado, en algunos estados el gobierno estadounidense tiene el poder de perdonar ciertos casos que tengan características excepcionales y así evitar su deportación.

En el 2010, ICE derportó a 392.862 extranjeros indocumentados, logrando una cifra récord, de los cuales 197.862 no eran criminales convictos.

La meta de deportaciones para el 2011 es de 404.000.

[video:http://www.youtube.com/watch?v=9g1zeiAPPUE 580x354]

 

Un mensaje para el presidente Obama

En solo 27 días la vida de Zulma podría cambiar para siempre obligándola a regresar a un lugar ahora desconocido para ella. 

Su deportación la obligaría a dejar a su hija de cuatro años al cuidado de su madre y la mitad de su vida detrás.

La familia ha invertido durante todos estos años buena parte de sus ingresos para poder tener el derecho de permanecer en este país. El resultado en el caso de Zulma los mantiene con el corazón oprimido y los nervios de punta.

"Hubo mucho tiempo donde como dicen 'tuvimos que amarrarnos' para poder pagarle al abogado, y apelamos muchas veces para poder quedarme. No me quiero separar de mi hija, sería demasiado doloroso para todos", dijo Zulma.

También pidió una extensión para poder tener a su bebé en Estados Unidos pero le fue negada. Ahora no solo su suerte está en juego, también la del bebé que lleva en su vientre.

"Lo que quiero es quedarme aquí y contribuir a este país que me ha dado todo. Cuando llegué fue un cambio maravilloso, he tenido una vida muy tranquila y buena acá. Muy diferente a Guatemala".

La idea de regresar a su país, a un lugar donde considera que no la espera nada, le causa pavor. Pero sobretodo le afecta la idea de abandonar su casa, su familia y más aun a su hija.

Sí tuviera la oportunidad de darle un mensaje al presidente Barack Obama sería que no permitiera que separen a más familias.

"Es sumamente doloroso y afecta enormemente la vida de todos. Le pediría que ayude a gente buena como nosotros para podernos quedar con nuestros hijos, y  que pueda crear una reforma migratoria que no nos separe", dijo Zulma.

La situación que está viviendo  esta inmigrante guatemalteca pone en juego su propia vida y el futuro de sus hijos. Es solo un  vistazo a las duras realidades que viven diariamente millones de personas que solo buscan una oportunidad, y que no tienen en sus manos la dirección de sus futuros.

Esta dirección solo está en manos de la ley.

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