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Michael Moore, Democratic Party , elections, Trump
Michael Moore says, in Rust Belt states like the one where he lives: Michigan. Early on, Moore saw what few other Democrats were willing to admit: that Trump could win thanks to support from working-class voters who felt abandoned, neglected, even mocked…

[OP-ED]: Democrats have become their own worst enemy

Not Russia again. Whenever I hear someone say that our perennial nemesis meddled in the presidential election and helped elect Donald Trump, I wince.

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No porque los estadounidenses no se merezcan saber si los rusos se apropiaron de una elección presidencial norteamericana. Quizás pronto tengamos respuestas. Hay investigaciones en camino en el Congreso y en el FBI.

Y no porque el asunto se haya pasado. Incluso el revuelo sobre los ahora tristemente famosos tweets de Trump, de que el presidente Obama intervino su campaña con micrófonos, tiene su raíz en la historia rusa.

Ahí se vuelve delicado. Si Trump continúa presionando con la afirmación, aun no comprobada, de que él y sus asociados estaban bajo vigilancia por el gobierno anterior, invita a más indagaciones para determinar si había algo para investigar. Pero si los demócratas niegan que hubiera vigilancia alguna, abren camino para que el gobierno de Obama sea criticado por los de la izquierda, que piensan que Trump o sus asociados entraron en connivencia con los rusos para avergonzar a Hillary Clinton y, por eso, el Equipo Trump debería haber estado bajo vigilancia.

Y sin embargo, todavía siento un vacío en mi estómago cada vez que escucho las palabras “Rusia” y “Trump” en la misma oración.

He aquí por qué: Cuatro meses después de la elección, se suponía que debíamos estar hablando de otra cosa. En este momento, se suponía que estaríamos inmersos en el análisis de las causas por las que los demócratas perdieron los votos de los obreros del llamado Cinturón Metalúrgico, de Ohio, Wisconsin, Michigan y Pennsylvania. Y, por su parte, en lugar de concentrarse tanto en Rusia, se suponía que los demócratas intentarían comprender cómo recuperar esos caprichosos electores.

Recuerdan lo que ocurrió en los días posteriores a la elección, cuando los demócratas quedaron en una confusa bruma. Iba a producirse toda esa introspección y reflexión de los líderes del partido sobre lo que anduvo mal, y cómo fue que los electores de la clase obrera, en el Medio Oeste industrial, que en otra época habían constituido un bloque demócrata fiable, acabaron votando nada menos que por Trump.

Bueno, esa introspección no tuvo lugar.

Los demócratas de la Cámara dejaron claro que aun no “lo comprendían”, cuando pocas semanas después de la elección, reeligieron a Nancy Pelosi como líder de la minoría en la Cámara y rechazaron la alternativa: el representante Tim Ryan, de Youngstown, Ohio—ciudad que, más que ninguna otra, representa el tipo de lugar con el cual los elitistas demócratas perdieron total contacto.

¿Saben quién sí lo comprende? Michael Moore, quien originalmente apoyó a Bernie Sanders y al final respaldó a Hillary Clinton protestado y gritando, porque considera que Trump es una amenaza para los Estados Unidos. El cineasta criticó sin piedad a los demócratas por despreciar a sus electores. El problema es especialmente obvio, dice Moore, en los estados del Cinturón Metalúrgico como donde él vive: Michigan. En un comienzo, Moore vio lo que pocos demócratas quisieron admitir: que Trump podía ganar gracias al apoyo de los electores de clase obrera, que se sentían abandonados, ignorados y hasta ridiculizados por el Partido Demócrata.

Moore hizo uno de los análisis más perspicaces que yo escuchara posteriores a la elección y fue nada menos que sobre gorras de béisbol. Señaló que—cuando la campaña de Trump imprimió miles de gorras rojas con el eslogan: “Haga de Estados Unidos un gran país otra vez”—las elites del Partido Demócrata, entre ellos muchos de los que trabajan en los medios, se rieron y despreciaron el gesto como burdo y poco sofisticado. ¿Gorras de béisbol? Realmente.

Pero, señaló Moore, ¿adivinen que les gusta usar a muchos habitantes de Michigan, Ohio, Wisconsin y Pennsylvania cuando hacen sus mandados o cuando hacen jogging en su barrio, o recogen a sus hijos en la escuela? Sí. Gorras de béisbol.

¿Qué? ¿No les enseñaron eso en la Escuela de Gobierno Kennedy? Bueno, deberían habérselo enseñado.

Ahora, Moore tiene una nueva advertencia para los demócratas: Cuidado con Rusia. Cuando la revista Variety le preguntó recientemente si pensaba que Rusia ayudó a Trump a ganar la elección, el cineasta se erizó:

“Los demócratas no deben pensar que perdieron debido a los rusos”, dijo. “Los demócratas perdieron a causa de los demócratas.”

Predica, Michael. Es hora de que los demócratas acepten lo que el resto del país ya sabe—que el partido se ha convertido en su peor enemigo. Los demócratas deben reparar su relación con los electores de clase obrera, o están acabados como partido nacional. Y no lo podrán hacer si se concentran tanto en Rusia como para olvidarse del Cinturón Metalúrgico.

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