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... Y así va la nación

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El gobernador del estado de Misisípi, Haley Barbour, advirtió a los delegados al congreso republicano en Texas que tuvo lugar en Dallas el 13 de junio que no permitieran que la pureza se convirtiera en enemiga de la unidad.

    “Es un partido grande”, les dijo a los delegados, “y nos hace falta tener a todos los que están de nuestro lado”.

    ¿Qué “nuestro lado”?

    Los republicanos de Texas acababan de aprobar una plataforma que proponía copiar a Arizona – socavando la autoridad federal para con inmigrantes sospechados de ser indocumentados quienes están “con intensión y conocimiento” en el estado.

    Si se es indocumentado, lo mejor es tener un mapa de Canadá en el bolsillo del pantalón o fingir estar dormido.

    Los republicanos quieren regular a los educadores y limitar la duración de la educación bilingüe a tres años, haciendo del “inglés estadounidense” la lengua oficial.

    Esto trae a colación una multitud de preguntas. Por ejemplo, ¿Se puede calificar a los dialectos del este y el oeste de Texas como inglés estadounidense? O ¿Dónde se encuentra lingüísticamente en todo esto el dejo nasal particular de Texas? ¿Cuál es la implicación para las 91 lenguas habladas aquí en Houston? ¿Significa que habrá que quitar los morfemas vietnamitas que están en algunas de las calles del centro de la ciudad?

    Más realísticamente, la plataforma de los republicanos de Texas quiere definir como foránea la herencia hispana y población del estado.

    A parte de ser simplistas, estas medidas no están a la altura de la dignidad de un partido político importante del siglo XX. Luego, cuando los republicanos quieran deshacer lo dañado, encontrarán que ya se les hizo muy tarde.

    Las razones son bastante sencillas. La purificación concluyó en la votación primaria republicana en marzo cuando al comisionado de los ferrocarriles de Texas, Víctor Carrillo, el funcionario electo hispano a nivel estatal más recientemente, fue derrotado a favor de un rival poco conocido. Carrillo no se quedó corto con notar el “prejuicio latente” republicano referente a su apellido hispano.

    Habiendo concluido la purificación étnica del ámbito político estatal, los ritos de purificación, tales como los de la Inquisición, se están realizando actualmente en términos de quién es que debería ser republicano. Y por eso es que ahora es hora de decirle adiós al partido estatal cual fuerza electoral duradera.

Lionel Sosa ha dicho lo mismo: “Los demócratas tienen el mensaje correcto y los republicanos tienen el mensaje equivocado”. Esto del arquitecto original del hecho que se convirtieran los republicanos en mayoría estatal de cualquier manera.

    Allá por el año 1978, el senador republicano federal, John Tower, ganó con sólo la mitad del uno por ciento del voto cuando Texas era un estado mayormente demócrata. Por primera vez, un republicano había presentado un mensaje coherente a los votantes hispanos. Pintaron al partido demócrata como engañoso con los latinos, y que no se podía confiar en él para sostener importantes valores fundamentales, como la familia (la estabilidad económica y la educación) y temas del fisco conservadores. Sosa fue el ingeniero del mensaje, como lo fue luego para Ronald Reagan, ambos George Bush, y John McCain. En total, Sosa participó en siete campañas por presidente, ganando cinco y perdiendo dos.

    Sosa compartió con un reportero del Houston Chronicle que si Texas se vuelve demócrata, “No volveremos nunca más a elegir a un presidente republicano”.

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    El razonamiento es claro. Los hispanos son el 20 por ciento de los electores registrados en Texas, y son el 12 al 14 por ciento de todos los votantes que se presentan a votar. Pero los votantes que se presentaron aumentaron en un 31 por ciento entre 2000 y 2008. Hoy, el gobernador titular Rick Perry se enfrenta con un reto formidable de un demócrata, ex alcalde de Houston, Bill White.

    Analista político Richard Murray proyecta que la fórmula para una victoria demócrata requiere sólo que la contribución hispana aumente al 15 por ciento del total y al 70 por ciento para que White haga que el estado se vuelva demócrata.

    La plataforma republicana que enajena a los hispanos permite que los demócratas se levanten. Sirve como el camino bifurcado en el que el lado republicano dice, “No vote por los republicanos”. Ahora se han ganado un casco que les llevará generaciones sobreponer, si es que lo sobreponen nunca.

    Así fue que ocurrió en California, donde sólo el 16 por ciento de los republicanos se ha registrado como republicano desde el 2006, y el 56 por ciento se ha registrado como demócrata, con el 24 por ciento que optó por no indicar afiliación. Esto se compara con el 24 por ciento de electores que no son latinos que se registró como republicano, el 44 como demócrata y el 26 por ciento independiente.

    En lo que elementos incompatibles republicanos controlen partidos estatales como lo hacen en Texas, la cola que mueve al perro acabará del todo arrollado por el autobús. [Traducción de un inglés estadounidense (o no): “the tail wagging the dog will end up with the whole kit and caboodle under the bus”].

[José de la Isla redacta un comentario semanal para Hispanic Link News Service y es autor de The Rise of Hispanic Political Power (2003). Su último libro, auspiciado por la Fundación Ford, se encuentra en versión digital gratuita en www.DayNightLifeDeathHope.com. Comuníquese con él a: [email protected]].

    ©2010

 

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