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Aumenta el cultivo de coca en Perú

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El cultivo de la coca está aumentando una vez más en los remotos valles tropicales de este país, parte de un importante reposicionamiento del narcotráfico andino que está haciendo de Perú un gran contendiente para superar a Colombia como el mayor exportador de cocaína del mundo.

Bandas de narcotraficantes mexicanos y colombianos expanden su alcance en Perú, donde dos facciones de la guerrilla Sendero Luminoso ya compiten por el control del comercio de la cocaína.

Los traficantes – fortalecidos por la fuerte demanda en Estados Unidos, Brasil y partes de Europa – están bloqueando los esfuerzos para combatir el resurgimiento del narcotráfico en Perú, así como del espectro de mayor violencia en un país aún atormentado por años de guerra.

“La lucha contra la coca se puede parecer a detener al viento”, señaló el general Juan Zárate, quien encabeza las campañas para erradicar la coca en el país.

El incremento en Perú ofrece una ventana hacia uno de los aspectos más irritantes de la guerra contra el narcotráfico en América Latina, financiada por Estados Unidos, que empezó en serio hace cuatro décadas. Cuando las fuerzas antinarcóticos tienen éxito en un lugar – como sucedió recientemente en Colombia, que ha recibido más de 5,000 millones de dólares en ayuda estadounidense esta década -, el cultivo cambia a otros rincones de los Andes.

Esto sucedió en los 1990, cuando se cambió el cultivo de la coca a Colombia tras el éxito de proyectos de erradicación en Perú y Bolivia. Más recientemente, los cultivadores de coca se mudaron a docenas de zonas nuevas en Colombia después de la fumigación aérea de otras áreas. Expertos en la guerra andina contra el narcotráfico lo denominan el efecto globo, que recuerda a un globo que se infla en una parte cuando se apachurra otra.

“La política de Washington de la intervención orientada a la oferta mejora inevitablemente la eficiencia y las habilidades empresariales de los narcotraficantes”, dijo Paul Gootenberg, quien escribió el libro “Cocaína andina”.

El efecto globo – y sus consecuencias – está cerrando el círculo en los valles selváticos del centro de Perú, la famosa cuna de la industria de la cocaína.

A finales de abril, una facción de Sendero Luminoso, la organización rebelde a la que se responsabiliza de decenas de miles de muertes de 1980 a 2000, durante su guerra contra el gobierno, mató a dos erradicadores y un oficial de policía aquí, en el centro de Perú.

Es la misma región donde se produjo el primer auge de la cocaína en el siglo XIX, después de que químicos alemanes desarrollaron la fórmula para extraer cocaína de la hoja de coca, para surtir al comercio legal en EU y Europa. Sigmund Freud estuvo entre los primeros en usarla.

Debido a que para los 1970 ya era ilegal la cocaína y el Gobierno peruano había prohibido gran parte de los nuevos cultivos de coca en el país, los señores de la droga colombianos iniciaron otro auge y exportaron hoja de coca peruana a laboratorios para hacer cocaína al otro lado de la frontera. Columnas de Sendero Luminoso trabajaron después para proteger a los campesinos que cultivaban coca en la región, consolidando a Perú como el principal cultivador de la hoja en el mundo.

En los 1990, el entonces presidente Alberto Fujimori militarizó la región para aplastar a Sendero Luminoso, reduciendo los niveles de cultivo. Ahora, muchos campesinos plantan coca otra vez. “La coca nos permite alimentar a nuestros hijos”, expresó Jacinta Rojas de 45 años, una cultivadora cerca de Tingo María, y explicó que se puede cosechar la coca hasta cinco veces al año, en comparación con una o dos en cultivos como el cacao.

El resurgimiento del comercio de cocaína en Perú está expuesto en Tingo María, una ciudad bulliciosa que padeció cuando cayó el cultivo de coca en los 1990. Ahora, legiones de taxis motocicletas pululan por las calles, y pequeños hoteles y restaurantes que atienden a campesinos que viajan con gastos pagados.

Los centros nocturnos presentan a bandas peruanas que cantan a gritos cumbias, la música popular trasplantada de Colombia, con letras que festejan y lamentan las tribulaciones de los cultivadores de coca o cocaleros.

“Cocalero, tus ollas están vacías; cocalero, tu esposa está llorando”, dice un pasaje de un conjunto local de cumbia. “Pero sigue sembrando más coca, para que brote ese dinero”.

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El incremento en el cultivo en el centro de Perú contrasta con la situación de Colombia, donde cayó 18% en 2008, según Naciones Unidas. En Perú, aumentó 4.5% ese año, superando una década en la que las zonas cultivadas habían aumentado 45% desde 1998. El cultivo también está aumentando en Bolivia, aunque ese país sigue siendo el tercero en la producción total.

Señalando los débiles esfuerzos para interdecir de Perú, especialistas antinarcóticos en Lima, la capital, sostienen que es posible que el país ya haya superado a Colombia en la exportación de cocaína. En su análisis de la intercepción en Colombia y Perú, Jaime Antezana, un analista en seguridad de la Universidad Católica de Perú, encontró que en el primer país, donde aún se cultiva más coca y se produce más cocaína que en el segundo, las autoridades incautaron cerca de 198 toneladas de la droga en 2008, en comparación con sólo 20 toneladas en Perú. Ello permitió que los narcotraficantes peruanos exportaran 282 toneladas de cocaína, unas 50 toneladas más que la capacidad de exportación estimada de Colombia, explicó.

“Si continúan las actuales tendencias en el cultivo, también podríamos superar a Colombia como el mayor productor de hoja de coca del mundo para el 2011 o 2012, lo que nos colocaría en el mismo lugar en el que estábamos en los 1980”, notó Antezana.

El principal asesor en política de narcóticos del presidente Barack Obama, R. Gil Kerlikowske, anunció un plan en mayo en el que se enfatizan la prevención y el tratamiento en EU. Sin embargo, el Gobierno prácticamente no cambió nada del financiamiento de proyectos de erradicación, a pesar del debate sobre si tales esfuerzos pueden restringir drásticamente la oferta de cocaína o incrementar significativamente el precio en EU en el largo plazo.

La ayuda estadounidense contra las drogas para Perú es de 71.7 millones de dólares este año. Funcionarios estadounidenses antinarcóticos operan desde una base policial peruana recién ampliada aquí, en Tingo María, vigilando a equipos peruanos que se esparcen por los valles cercanos para derribar a mano los arbustos de coca.

“Vemos al narcotráfico en Perú como parte de un fenómeno regional y mundial”, señaló Abelardo A. Arias, director de la sección de asuntos de narcóticos en la embajada estadounidense en Lima. “En respuesta a la presión de las fuerzas del orden en un área, los cultivadores de droga y los traficantes cambian sus operaciones a territorios nuevos”.

Perú usa parte de la ayuda estadounidense para adquirir cascos y chalecos para protegerse contra minas terrestres plantadas por la facción de Sendero Luminoso aquí, la cual compite con una facción guerrillera distinta por algunas zonas de cultivo de coca, según funcionarios de las fuerzas armadas peruanas. Otra parte es para los contratistas estadounidenses como DynCorp, que da mantenimiento a los helicópteros que salen de Tingo María.

Desde un helicóptero, el general Horacio Huivin, director de la policía antidrogas de Perú, miraba los campos de coca, a unos minutos de Tingo María. “Hemos caído en un círculo vicioso”, dijo, “porque estamos erradicando los mismos lugares donde estuvimos erradicando el año pasado o en años anteriores”. 

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