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La tinta fresca que corre en Fairhill

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Valedan no habla mucho, no tiene por qué hacerlo, parece que los tatuajes de su cuerpo ya lo dicen todo.
 

Alexis Valedan se sienta en un cubo vacío que una vez estuvo lleno de yeso, toma una mesa toda salpicada de pintura, la desdobla y la coloca a su lado derecho.

Una gran pantalla de televisión cuelga en la pared a su izquierda y una silla de masaje sirve como sofá.

El artista apoya cuidadosamente su máquina de afeitar y su dibujo a lápiz en un espejo que sirve de mesa. Su cliente lo está esperando arriba en la sala de espera. La tienda de tatuajes es brillante y luminosa.

Valedan tiene 26 años, es originario de Puerto Rico y residente de Filadelfia desde hace tres años. El boricua ahora se desempeña en la tienda de tatuajes más nueva de la calle Cinco, la cual es también una tienda de aerografía en camisetas de su amigo Clyde.

Valedan no habla mucho, no tiene por qué, sus palabras están escritas en sus  brazos, piernas, cuello y nudillos. Su espalda está cubierta y su apellido está grabado en su estómago. Cada tatuaje es como un recordatorio de su progreso y cada pieza su mismo arte ya que los únicos tatuajes que no fueron hechos por él miso son los de su espalda.

En Pensilvania, la ley estatal no requiere certificación para ser un artista del tatuaje. Hay leyes estrictas que garantizan que las personas deben tener una licencia para poseer una tienda y reciben altas multas por hacer tatuajes a menores de edad, pero cualquiera puede hacer tatuajes legalmente. El aprendizaje es una recomendación, pero no un requisito.

Sin pensarlo demasiado, Jonathan decide hacerse un tatuaje de Valedan. Ha enviado mensajes de texto a algunos de sus amigos para pedir sugerencias. Las opciones de ellos son:  “Fairhill Pride (orgullo de Fairhill”, “Por favor, no hagas esto” y “Mi firma”, la opción ganadora estará en una nube flotando.

“No sé por qué”, explica Jonathan. “Siento como si siempre estuviera debajo de una (nube)”, dice mientras usa su teléfono celular para mostrar imágenes en Google del artista autor de las nubes.

Valedan va a la estancia a trabajar en el dibujo y queda mejor que la imagen de internet, la nube tiene una sonrisa y las gotas de lluvia tienen buena simetría.

Este artista boricua se prepara para trabajar y saca botellas de tinta de una maleta destartalada. Detrás de él, las  llaves del fregadero de la cocina gotean mientras dibuja el tatuaje de Jonathan a mano alzada, mirando siempre el dibujo original para no perderle la pista. Sigue serio y sin hablar mucho y cuando lo hace, se deja escuchar su acento natal.

Valedan afeitó la pierna izquierda de Jonathan para comenzar dos horas de trabajo meticuloso y apasionado con mucho cuidado en la sombra de cada burbuja de la nube y con mano firme en cada gota de lluvia. “Este tatuaje es más popular cuando se hace en el cráneo”, dijo el boricua mientras tatúa.

“¿Te está empezando a doler?”, le preguntó Valedan a su cliente, “yo no tengo la mano dura”, agregó el artista.

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Mientras trabaja, vecinos entran y salen de la tienda. Ocasionalmente, se ven arrancando páginas de las revistas populares de tatuajes. Un adolescente del barrio entra en la tienda, acaba de regresar de un viaje a Puerto Rico y quiere hacerse su segundo tatuaje.

“Voy a hacer volantes para promocionar la tienda pronto”, dijo Clyde Paterson, dueño de la tienda.

Pero eso se podrá hacer hasta que la tienda reciba las licencias adecuadas y mientras sigan usando una barra de jabón usada como desinfectante, la licencia tendrá que esperar. Por ahora la limpieza no es de máxima prioridad.

A sus clientes parece no importarles, la mayoría viene porque se corrió la voz y porque con Valedan los precios son mucho más bajos que la mayoría de los tatuadores.

TJ, el hijo de Clyde de 20 años, planea tatuarse la imagen de su familia completa por $400 y la competencia le cobraba $900 por el mismo trabajo.

El próximo trabajo de Valedan es una pieza para un padre orgulloso que quiere hacerse el retrato de su hijo.

“Llegó y como no tenía una fotografía se sentó y le dibuje al muchacho” , dijo el boricua.

 Valeden hace lo que puede con lo que tiene, no puede tener una tienda como la de Puerto Rico, pero tiene pintura y un amigo dispuesto a ofrecerle un lugar para trabajar. Y tal vez no tiene una imagen de ese niño, pero ese niño tendrá un lugar en el hombro de su padre, cuando Valedan haya terminado.

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