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Asesinato de médico reabre debate sobre el aborto

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El gobierno de Estados Unidos reforzó
hoy la seguridad en clínicas abortistas de todo el país tras el
asesinato el domingo del doctor George Tiller, que ha reabierto el
explosivo debate sobre la interrupción legal del embarazo.

Jeff Carter, portavoz de los U.S. Marshals Service, policía
judicial, confirmó hoy la decisión de "aumentar la seguridad a un
número de individuos y centros" aunque no dio detalles.

Las medidas llegan tras la muerte de Tiller el domingo en Kansas,
a manos de un sospechoso identificado como Scott Roeder, que disparó
contra él.

Su clínica era una de las tres en el país que practicaba
interrupciones del embarazo en el último trimestre de gestación, una
práctica denostada por los detractores del aborto, que colocaron ya
una bomba en el centro en los años 80.

Además, Tiller, el sexto médico abortista asesinado en EEUU desde
1994, recibió varios tiros en los brazos en 1993, tras lo que compró
un vehículo blindado y un chaleco antibalas y recibió protección
oficial durante años.

Su muerte coincide con un creciente rechazo a la interrupción del
embarazo en EEUU, según las últimas encuestas.

Así, un sondeo de mayo del Centro Pew muestra que por primera vez desde 1995 son más los contrarios al aborto (el 51%) que los defensores (el 42%).

La muerte de Tiller se produce, también, después de que el
presidente Barack Obama llamara a los grupos en los dos extremos del
debate a encontrar puntos de encuentro.

Obama, que denunció el domingo el crimen, pidió en mayo un debate
respetuoso aunque reconoció que en determinados niveles las
diferencias son "irreconciliables".

Aun así, los ánimos habían estado bastante calmados en los
últimos años al descender los ataques con bombas y las amenazas y
ataques contra centros y médicos abortistas.

Pero con el rechazo a la práctica en ascenso, los observadores
temen una nueva ola de ataques.

Los peores episodios violentos se produjeron durante la
presidencia de Bill Clinton (1993-2001) y disminuyeron con George W.
Bush (2001-2009) en la Casa Blanca, un detractor del aborto.

Carole Joffe, socióloga de la Universidad de California, dijo hoy
al diario "Los Angeles Times" que los movimientos sociales se
desesperan cuando ven que no avanzan en su causa, que en este caso
equivaldría a la penalización del aborto.

"Esto es muy trágico pero no sorprendente", dijo la experta, quien destacó, de todos modos, que la mayoría de los activistas contra el aborto rechazan la violencia.

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El próximo desembarco de un nuevo juez en el Tribunal Supremo,
-que tiene la última palabra judicial en temas como el aborto-
promete azuzar aún más un debate caldeado por comentaristas
televisivos como Bill O'Reilly, quien bautizó a Tiller como "el
asesino de niños".

La Casa Blanca ha propuesto para cubrir la próxima vacante en el
Supremo a la juez de origen puertorriqueño Sonia Sotomayor, quien
tendrá que aclarar durante sus próximas audiencias de confirmación
su postura ante Roe vs. Wade, el dictamen del Supremo que legalizó
el aborto en 1973.

Mientras tanto, se suceden las condenas del asesinato de Tiller
así como el debate sobre la práctica.

NARAL Pro-Choice, una organización que defiende el derecho a
interrumpir el embarazo, señala en un comunicado en su página web
que el "despiadado" asesinato del médico dificulta el acercamiento
de los dos grupos en el extremo del debate.

Patrick Mahoney, de la Coalición Defensa Cristiana, dijo en
declaraciones a "Los Angeles Times", que tanto su organización como
el resto de defensoras del derecho a la vida lamentan lo ocurrido.

Aun así, y en una muestra de las tensiones existentes, dijo temer
que "la administración Obama y los líderes demócratas cometan el
mismo error que Clinton y usen este episodio aislado para satanizar
a todo un movimiento".

Por su parte Warren Hern, otro de los doctores que practica
abortos en fases avanzadas en Colorado denunció el homicidio como
"la consecuencia predecible e inevitable de décadas de violencia y
retórica anti-abortista".

"No es la acción aislada e inexplicable de un homicida
perturbado", dijo Hern tras el suceso. "Fue un asesinato político,
parte de un patrón histórico de violencia política anti-abortista",
concluyó.

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