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US President Donald J. Trump shows the National Security Presidential Memorandum on Cuba, he signed after giving remarks at Manuel Artime Theater in Miami, Florida, USA. EFE
El presidente Donald Trump (c) muestra la orden ejecutiva firmada sobre la política con Cuba junto al gobernador de Florida, Rick Scott (3izq.); el congresista Marco Rubio (3 dcha.), la opositora cubana Cary Roque, el vicepresidente Mike Pence y varios…

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Si no, ¿cómo explicar que Trump le haya hecho caso a Chris Christie, el desprestigiado gobernador de Nueva Jersey, y en su discurso exigiera que Cuba devuelva a Joanne Chesimard?

Vamos, Mr. Trump, quien tiene tejado de vidrio, no debe tirarle piedras a su vecino.

 Y si hay algo seguro, es que Washington no está en posición de tirarle piedras a Cuba, donde Chesimard –que formó parte del Black Liberation Army y fue condenada por la muerte de un patrullero estatal de Nueva Jersey en 1973 – recibió asilo político en 1984, tras fugarse de la cárcel.

 “Al gobierno cubano le digo que ponga fin a los abusos a los disidentes, libere a los presos políticos, deje de encarcelar a gente inocente, se abra a libertades políticas y económicas, devuelva a los fugitivos de la justicia americana, incluyendo a la asesina de policías, Joanne Chesimard”, afirmó Trump con su mejor cara de santurrón ante una audiencia compuesta por el elemento más retrógrado de la comunidad cubanoamericana de Miami.

Un momento, Mr. Trump, ¿y qué hay con Luis Posada Carriles? Como seguramente sabrá, este individuo vive libre y cómodo en Miami con la protección del gobierno de EE. UU, a pesar de ser un peligroso terrorista con un largo historial de sangrientos crímenes.

Este infame personaje no ha pagado precio alguno por sus crímenes, aunque Cuba ha exigido su extradición para juzgarlo por su monstruoso atentado al vuelo 455 de Cubana de Aviación en el que ordenó colocar una bomba.  Murieron en esa tragedia 73 personas, incluyendo el equipo nacional de esgrima de la Isla.

Un asesino despiadado, reportes de inteligencia de EE. UU. lo consideran no solo el cerebro detrás de la bomba en el avión de Cubana en 1976, sino también de una serie de bombas colocadas en hoteles en Cuba que resultaron en la muerte del turista italiano Fabio diCelmo, algo de lo cual Posada Carriles se vanaglorió en 1988 en una entrevista con el New York Times.

"El italiano se encontraba en el lugar equivocado en el momento equivocado, pero yo dormí como un bebé”, le dijo al Times con el mayor desparpajo. 

Oriundo de Cuba y venezolano por naturalización, Posada Carriles, fue agente de la CIA durante mucho tiempo, y es un terrorista convicto en dos países. Se fugó de una cárcel venezolana y fue perdonado por Mireya Moscoso, una expresidenta de Panamá respaldada por EE. UU., tras cumplir cuatro años por un complot para asesinar a Fidel Castro en el año 2000, durante una cumbre de mandatarios en ese país.

La clase de persona que no se preocupa por detalles sin importancia, planeaba usar 200 libras de dinamita y explosivos C-4 para matar a Castro haciendo volar un auditorio repleto de estudiantes universitarios. Daños colaterales, supongo.

Hay que admirar las agallas de Trump en pedirle a Cuba que extradite a Chesimard, mientras protege a este criminal monstruoso que se pasea orondo por las calles de Miami.

Una cosa más: el pequeño grupo de “disidentes” que afirman ser perseguidos en Cuba, pudieron, sin embargo, viajar dese la Habana para participar en el vergonzoso espectáculo anticubano celebrado en el teatro Manuel Artime. Aplaudieron, gritaron y entonaron el himno nacional de EE. UU. (y solo el himno nacional de EE. UU.) felices por el regreso a una política de hostilidad contra ese pueblo cubano por el cual dicen “luchar”. Y la verdad es que lejos de parecer haber sido víctimas de abuso alguno, se veían encantados de poder hacerle reverencias al amo y participar en su juego absurdo y cruel contra su propia patria.

Sí, los pacientes están a cargo del manicomio y nadie sabe a dónde iremos a parar.

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