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Foto: Immigration Impact 

Una madre detenida: luchando por la vida de su hijo tras las rejas

Una entrevista con una madre hondureña que ha estado detenida en Berks con su infante desde el 10 de noviembre del año 2015. Nos cuenta sobre las condiciones…

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Hace más que un año que Natalia* llegó a los Estados Unidos con su infante y dos adolescentes, cruzando la frontera peligrosa por el Río Bravo del Norte, huyendo de peligros mucho más horribles que podrías imaginar en Honduras, donde la delincuencia, violencia y amenazas causadas por La Mara Salvatrucha (MS-13)  se han convertido en lo normal; el vivir con pánico de estas pandillas y no tener ningún apoyo del gobierno incompetente es un evento común en Honduras.

Pero Natalia no pudo llegar muy lejos antes de que fuera descubierta, y ella y su hijo fueron llevados a una “hielera” en Tejas, las células donde muchos de los refugiados sin éxito han estado retenidos, con temperaturas tan frías que las células serían más adecuadas para trozos de carne o comidas congeladas. Natalia y su hijo de un año estuvieron ahí, sin manta y sin colchón para dormir, el 21 de octubre del 2015.

El 23 de octubre, los trasladaron a un centro de detención para familias en Tejas, la prisión  más famosa, y la quinta más grande, de la nación en Dilley, Texas, donde hay capacidad para 80,000 presos. Natalia dijo que “Al principio, fue muy pasable, y la comida estaba bien,” pero dos semanas después Natalia y su hijo se encontraron en ruta otravez a un nuevo centro de detención.

Desde el 10 de noviembre del 2015, Natalia y su hijo han estado en El Centro de Residencia en Berks, County, en esos 338 días que han vivido tras rejas y tras paredes, Natalia y otras madres han sufrido injusticias y desgracias que las han forzado a tomar medidas drásticas como su huelga de hambre, que consiguió mucha atención local y hasta atención nacional. Sin embargo, no ha sido suficiente, y treinta-y-dos familias siguen detenidos en condiciones desagradables, y según Natalia, sin la más mínima intención de ayudar de parte de los autoridades de inmigración en el I.C.E.

“Nosotras estábamos obligadas a hacer esta huelga porque ha sido demasiado tiempo. ¿Cómo es posible que es legal que nos han encerrado por tantos meses? Fuimos obligadas a dejar de comer, y aunque muchas nos sentíamos mal y estábamos débiles, con dolores de cabeza y fiebre, seguimos antes que no pudimos más.”

En Berks, la experiencia ha sido “insoportable” para Natalia y las otras familias con hijos que han estado detenidos por un año o más (aunque el centro no esta licenciado y no puede detener a familias por esa cantidad de tiempo). Las condiciones no son higiénicas ni buenas, y las detenidas están obligadas a limpiar todo como criadas o empleadas, aunque los funcionarios de Berks les han dicho que es trabajo “voluntario.” Sin la limpieza que hacen las Madres, el centro no sería un lugar habitable para sus hijos, donde las pocas proximidades entre habitaciones y camas, muebles rotos, y solo un baño común, hacen que los gérmenes se acumulan y las enfermedades sean más contagiosas.

Para asegurar que las condiciones de las cocinas están apropriadas y sanitarias, Natalia limpia la cocina cada día por solo un dólar. Natalia me dijo que es crucial que todo esté limpio, porque según ella, la atención médica del centro es terrible y sin dignación.

“Las personas [que trabajan en Berks] no nos tratan como seres humanos. Por ejemplo, el lunes pasado, mi hijo se puso muy enfermo, y no lo trataron en el área médico. Solo tiene dos años, y estaba con fiebre y temblando, pero los médicos me dijeron que viniera después, que no lo iban a atender ahora. Yo era la única esperando en ese área médica, pero me mandaron a regresar luego. Claro, mi hijo antes que pudiera entrar en nuestra habitación empezó a vomitar y su carita y nariz se pusieron muy rojas. Aun no querían atenderlo, tuvimos que esperar. Me da mucha indignación que nos tratan así, como animales.”

Luego esa misma semana, en el 21 de septiembre del 2016, otra madre que ha estado detenida por 400 días con sus dos hijas adolescentes (una de catorce y otra de dieciséis), se desmayó en su habitación. Habia estado con mucho mareo y dolores de cabeza, pero era solo en ese instante desesperado que los médicos del centro la atendieron, y la llevaron en una ambulancia al hospital, donde la operaron de la vesícula. Todas las otras Madres tenían mucho miedo, incluso sus hijas, pero los trabajadores de Berks les dijeron que su enfermedad era “culpa de la huelga [de hambre]”. La regresaron al centro de detención el 23 de septiembre, y aunque el doctor le habia dicho que necesitaba una dieta especifica, mucho descanso, y no caminar mucho, los funcionarios de Berks se cerraron los ojos y se taparon los oídos. Negaron que la recién-operada necesitaba una dieta nutritiva y específica para su recuperación, y exigieron que ella saliera de su habitación y caminaba por las escaleras al primer piso donde se encuentra la sala de comer. Natalia y las otras Madres rogaron y suplicaron a los funcionarios y autoridades del centro para permitir a ellas a llevarle comida en un cartón o a dejarla a bajar por el elevador, pero fueron obstinados, negando a escuchar cualquiera de sus peticiones racionales.

Natalia comentó por el teléfono en la entrevista que estas ocurrencias son típicas en el centro Berks, donde ella y las otras familias no están tratados como seres humanos.

“Mi propio hijo, a pesar de tener dos años, es un niño inteligente y habla mucho, observa mucho. En diciembre, tendrá 3 años. Ha pasado la mitad de su vida encerrado aquí conmigo. Él me dice que quiere salir… Sabe que esta situación no es lo normal, que esto no es nuestra casa. El me dice, ‘Mami, sácanos de aquí,’ y me da tanta lástima que aún no he podido darle la libertad que él merece y quiere tanto.”

Natalia está cansada de la injusticia, de las humillaciones, del tiempo de detención, de las consecuencias negativas de su caso de asilo, pero seguirá luchando por, más que todo, la libertad de su hijo. Y, increíblemente, cuando le pregunté si se arrepiente de venir huyendo sin papeles a Los Estados Unidos, me dijo que no:

“La verdad es que aquí nadie me va a buscar ni me va a matar. No hay el peligro [que se encontraba en Honduras]. No puedo dormir bien, pero no es porque tengo miedo que una ganga me va a matar y van a dejar a mi hijo huérfano, es solo por las molestias, y por tener ansiedades de no estar encarcelada mas. No me arrepiento de ir. Yo he hecho todo esto por mi hijo. Su protección es lo que me da la fortaleza para seguir con esperanzas, para confiar que algún día estaremos reunidos con nuestros familiares en Los Estados Unidos. Él es la razón que he hecho todo esto, pero no es una experiencia que querría repetir.”

Natalia, y las otras Madres, esperan que entrevistas y notas como ésta les darán la oportunidad para tener una voz, y la oportunidad de tocar el corazón de los que lean de sus sufrimientos y esperanzas detenidas en Berks. Más que todo, quieren llamar la atención a estas injusticias para diseminar información sobre lo que está pasando en Los Estados Unidos, y los peligros que han arriesgado en sus propios países de origen (la mayoría de las Madres son de países centroamericanos).

Pronto, Natalia y las Madres darán a AL DÍA un correo electrónico para que ustedes puedan preguntar “lo que quieran,” y para mandar comunicados y actualizaciones de su lucha para la protección de sus hijos tras rejas.

 
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