LIVE STREAMING

El cáncer, ‘a raya’ en Filadelfia

En Filadelfia son varios los latinos que desde la Universidad de Pensilvania trabajan para luchar contra la segunda causa de muerte en los Estados Unidos: el…

MÁS EN ESTA SECCIÓN

Documental 'La Mami'

Mayo 18, 2022

El paso del podio

Mayo 17, 2022

COMPARTA ESTE CONTENIDO:

Tu papá, tu hermana, tu mejor amigo de la universidad o un vecino. Todos somos capaces de nombrar rápidamente a alguien conocido que haya sufrido de cáncer. “La consecuencia de tener trillones de células que cometen errores tipográficos”, como así lo definió el científico español y director del Memorial Sloan Kettering Cancer de Nueva York, Joan Massagué. Tan sólo para el año 2015 la Asociación Americana del Cáncer espera que casi 600.000 estadounidenses mueran por ello. Es decir, 1.620 personas al día. La gran pandemia del siglo XXI no es ajena tampoco a la realidad de los latinos de los Estados Unidos. 

Dos de cada tres hombres hispanos y una de cada tres latinas serán diagnosticados de ello en algún momento de su vida. Actualmente esta enfermedad es la responsable de la muerte del 21 por ciento de los adultos latinos en general y también del 15 por ciento del fallecimiento de los niños.  Y es que el cáncer es desde el año 2012 la afección más mortífera para los latinos que viven en los Estados Unidos, desplazando a los males cardíacos como el elemento de mayor riesgo de fallecimiento y que todavía continúa siendo la principal causa de muerte en los Estados Unidos. Un cambio que se espera que llegue al conjunto de toda la población en los próximos años. 

Esta enfermedad, aunque puede afectar a cualquier persona, tiende a aumentar su riesgo de aparecer a medida que aumenta la edad, puesto  que la mayoría de tumores necesitan de años para desarrollarse. Por eso la cifra de diagnósticos da un salto cuando se refiere a personas cuya edad va más allá de los 50 años. Sin embargo, mientras apenas el 12 por ciento, de los diagnósticos entre blancos no hispanos se hace antes de alcanzar esta edad, el número se dispara hasta el 26 por ciento si hablamos de hispanos. Como la población latina de los Estados Unidos es joven, su edad media es de 27 años diez años más joven que la media nacional, al final esto se transforma en una mayor proporción de cánceres son diagnosticados a edades tempranas. 

Próstata, colon y pulmones son los órganos más afectados por los nuevos casos de cáncer en los hombres latinos. La presencia de tumores en el seno y en la glándula tiroides, una glándula que juega un papel fundamental en la regulación del metabolismo del cuerpo, son los cánceres más diagnosticados en las latinas. Unas cifras que navegan entre las tasas de incidencia de los Estados Unidos y las observadas en los países de origen de los enfermos en los que existen datos y que dejan entre ver el efecto de la aculturación o asimilación. Los descendientes de inmigrantes latinos muestran un porcentaje de enfermos más cercano al de los blancos no hispanos de los Estados Unidos que a las de los compatriotas de los países de sus padres o abuelos. La adopción del estilo de vida americano, que muchas veces implica una peor alimentación y una reducción de la actividad física respecto a la de anteriores generaciones, tener más riesgo de desarrollar cáncer en algún momento de su vida. Según un estudio publicado, las tasas generales de fallecimiento por cáncer eran un 22 por ciento más alta entre los latinos nacidos en los Estados Unidos que entre los oriundos de otro país.

En todo caso, es importante apuntar que de la mayoría de los datos recogidos en la actualidad, y de todos los presentados en este artículo hasta ahora, gran parte de la información se reporta considerando a los latinos como un sólo grupo. De esta manera, las variaciones definidas por las particulares genéticas o las diferencias ambientales de los hispanos venidos de un país u otro quedan diluidas en los grandes datos, en las medias ponderadas. Un ejemplo es el de un estudio de latinos adultos residentes en Florida que determinó que fallecían por cáncer el doble de hombres cubanos que mexicanos. Unos datos que son imposibles de valorar si se estudia a los latinos de forma conjunta.

La cura del cáncer en Filadelfia

Es necesario entender que jamás asistiremos al anuncio de “la cura del cáncer”. Y es que al mencionar esa palabra hacemos referencia a un conjunto de más de 200 enfermedades. De diferente origen, desarrollo o carácter. Una dolencia muy compleja en la que las células del cuerpo crecen sin control y donde el mayor reto de la medicina es conseguir atacarlas sin que esto suponga un daño para las células sanas. Sin embargo, y pese a que es complicado que aparezca un tratamiento milagroso y general para todos los tipos, en los últimos años se están llevando a cabo grandes avances. Uno de los campos más prometedores es el las terapias personalizadas, aquellas que no se limitan simplemente a los tratamientos agresivos con drogas, como la quimioterapia, o con rayos, como la radioterapia, sino que se trata de una combinación que incluye entrenar a las propias células de nuestro sistema inmune. Estas, que son las que normalmente nos protegen de las infecciones, serían preparadas para atacar y eliminar a las células tumorales. Filadelfia, que cuenta con algunos de los hospitales y centros de salud más importantes del país, es actualmente una de las ciudades que más esfuerzos está  realizando en este área. 

El nombre de la ciudad tomó especial importancia a partir de finales del año 2012 gracias a la historia de Emily Whitehead. Entonces, esta niña de siete años sufrió una nueva recaída de la leucemia linfoblástica aguda, un tipo de cáncer de la sangre. A pesar de ser un cáncer infantil muy común que se suele curar con quimioterapia, hasta entonces Emily se mostró inmune al tratamiento. Entonces, sus padres decidieron probar con una nueva terapia experimental encabezada por el doctor Carl June en la Universidad de Pensilvania y en Hospital Infantil de Filadelfia. El tratamiento, utiliza la tecnología para educar mediante terapia génica a las células inmunitarias (también conocidos como glóbulos blancos o células T)  para que ataquen a las células cancerosas.

Las células T se toman del paciente en un procedimiento similar al de la diálisis. Luego, son manipuladas en el laboratorio para que sean capaces de reconocer las proteínas que están presentes en las células tumorosas. Dichas células son inyectadas de vuelta en el cuerpo del enfermo, donde se multiplican y son capaces de proveer “memoria” a largo plazo en el sistema inmune, lo que les permite responder y atacar al cáncer. Los pacientes con cáncer de tipo refractario, es decir resistente a la acción de todo tratamiento, y recurrente, aquellos en los que la enfermedad reaparece, tratados por este grupo de científicos encabezados por Carl June alcanzaron más de 90 por ciento de remisión completa. O lo que es lo mismo, la gran mayoría de las personas tratadas, que previamente habían recibido múltiples ciclos de radioterapia y quimioterapia y en los que el cáncer retornó, salieron con niveles indetectables de células cancerígenas. Es decir, libres de cáncer. Cuando Emily recibió este tratamiento, la cura había sido apenas probada en un par de humanos más. Dos años después el cáncer no ha vuelto a aparecer.

Dentro del equipo que acompaña a Carl June es posible encontrar al menos a dos latinos: Felipe Bedoya y Selene Nuñez-Cruz. Ambos acudieron a la universidad en sus respectivos países de origen, Colombia en el caso de Felipe y México en el de Selene, pero han desarrollado la mayoría de su carrera científica lejos de sus casas. Tras graduarse en ingeniería química en la Universidad de Los Andes, Felipe continuó sus estudios en Estados Unidos, primero comenzando una maestría en Ciencias Biomédicas y luego realizando un doctorado en Medicina Molecular. A Filadelfia llegó buscando “una institución que tuviera los recursos suficientes para hacer ciencia”, algo que no es cuestión menor en un campo donde las máquinas o los materiales con los que se trabaja pueden ser muy costosos. “La experiencia científica en Colombia es muy diferente, los recursos son muy escasos. Se trabaja con apenas lo necesario y es muy poco lo que se puede avanzar en estudios clínicos importantes”, afirmó. 

CONTENIDO RELACIONADO

“Pensar en el antes y en el después de nuestros pacientes, es de verdad increíble”

A Felipe todavía se le eriza la piel cuando explica cómo funciona la terapia génica: “Una vez inyectadas en el paciente, las células entrenadas se encargan de hacer lo que se suponen que hagan: destruir el cáncer. ¡Y así lo hacen!”. “Pensar en el antes y en el después de nuestros pacientes, es de verdad increíble”, aseguró. Para este científico, poder participar en investigación biomédica en la Universidad de Pensilvania “ha sido no sólo un privilegio como miembro de una minoría sino también una de las experiencias más enriquecedoras de mi vida”. Un punto de vista que también comparte con Selene. Su llegada a los Estados Unidos,  invitada por la Universidad de Pensilvania para continuar con una beca postdoctoral, tras obtener su título de doctora en la Universidad del Mediterráneo en Marsella, Francia, fue “una oportunidad para avanzar en mi carrera”. “Nuestros esfuerzos pre-clínicos y clínicos han demostrado que se puede mantener el cáncer a raya”, afirmó. 

Sin embargo, y como apuntó Bedoya, “en ‘Penn’ la investigación relacionada con el cáncer es de amplio espectro, profunda, rigurosa y de alto impacto a nivel de ciencia básica y de tratamiento clínico”. Otro ejemplo de ello es el Cinthia Rosemblit. Tras cursar la carrera de biología y el doctorado en la Universidad de Buenos Aires, investiga en la Universidad de Pensilvania desde hace cinco años. Para ella en Estados Unidos la manera de trabajar es diferente a la de Argentina: “allí la escasa financiación nos hacía resolver problemas agudizando el ingenio y planeando muy bien cada experimento”. Aquí, al haber disponibilidad de recursos “es más bien prueba y error”, apuntó.

En su laboratorio, dirigido por Brian Czerniecki, realiza  vacunas personalizadas contra el cáncer de mama. Según apunta Cinthia “están teniendo lugar ensayos clínicos en pacientes con excelentes resultados desde hace más de 15 años”. En este caso, también se extraen de la sangre de cada paciente y se entrenan células del sistema inmunitario. En la gran mayoría de los casos, los tumores revierten a tamaños muy pequeños que los hacen extirpable quirúrgicamente. Cinthia, trabaja llevando a cabo “ experimentos para buscar nuevas moléculas que puedan servir como objetivo a atacar por las células del sistema inmune”, además de estudiar los mecanismos por los que estas células actúan contra los tumores para ponerlos a dormir y matarlos definitivamente. 

Sin embargo en la Universidad de Pensilvania incluso las terapias más clásicas y extendidas como la radioterapia, que se usa aproximadamente en un 60 por ciento de todos los pacientes, también tienen espacio para la innovación y el desarrollo. Penn cuenta con uno de los mejores centros de terapia de protones del mundo. El uso de protones, una de las partículas que conforman el átomo, “permite entregar la radiación al tumor y no el tejido sano, lo que disminuye los efectos secundarios de la radioterapia tradicional”, según comenta Gilmer Valdés, un cubano doctor en Física Médica por la Universidad de California y que actualmente se encuentra en Filadelfia realizando la residencia para prepararse como radiofísico. Para él en la Universidad de Pensilvania “existe un énfasis en la medicina individualizada” y destaca la personalización de los procedimientos: “se crean tratamientos para cada paciente específico”. “En Cuba hay buena formación académica, y se hace mucho con pocos recursos, pero la radiación oncológica es un campo de la medicina que necesita muchos recursos y el Centro de Terapia de Protones Roberts es uno de los más avanzados del mundo”, aseguró.

Casos de éxito excepcionales en una universidad de abrumadora mayoría blanca

Los casos de Felipe, Selene, Cinthia y Gilmer podrían ser considerados casi excepcionales en una universidad con una abrumadora mayoría de población blanca. Por ejemplo, en otoño de 2013, cuando la Universidad de Pensilvania publicó su último informe de diversidad, la institución educativa tan sólo contaba con 76 representantes hispanos en su cuerpo de profesores, tanto aquellos que son titulares como los profesores asociados o asistentes. Los latinos suponían apenas el 3,1 por ciento de ellos, frente al 77,3 por ciento de los de raza blanca. Por su parte, los afroamericanos tan sólo representan el 3,5 por ciento de los profesores, en una ciudad donde, según datos del Censo del año 2012, el 44,3 por ciento de sus ciudadanos son afroamericanos.

“Me gustaría que más hispanos participasen en esta área tan bonita y de tanta gratificación como es la investigación científica”, apunta Felipe. Para este investigador, los latinos están llamados “en un futuro, más cercano de lo que pensamos” y gracias “a nuestro potencial, creatividad y emprendimiento” a “ocupar un lugar importante en estas áreas”. Ellos ya lo están logrando. 

00:00 / 00:00
Ads destiny link