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El equipo admirando los automóviles clásicos en Cienfuegos (Plaza José Martí) [Ryan Orlov, Zack Dilsheimer, Jack Donahoe, Justin Rubin, Sam Chairman, AJ Dicus, Alex Unruh, Ilan Tauber, Jake Rasmussen, y Nathan Weiss. Nik Toocheck no aparece en la imagen]…

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Uno de los logros de la presidencia de Obama  –por modesto que sea, comparado con otros más significativos – ha sido abrir Cuba a  la organización de viajes culturales y de beneficencia por parte de grupos privados. 

Aprovechando la ocasión, once jóvenes de trece y catorce años de Filadelfia viajaron a nuestra vecina isla cubana durante las vacaciones de Navidad para jugar a béisbol. La mayoría de los  chicos eran residentes de Lower Merion, en las afueras de Filadelfia, aunque entre ellos también había un joven de California.  Viajaron acompañados por sus padres y su entrenador, Jon Rubin, formando un grupo de veintiocho personas que viajaba por primera vez a Cuba. 

Camisetas, bates y sonrisas

El viaje fue concebido por Alan Tauber, un abogado de Filadelfia, y su esposa, la rabino Andrea Weiss. Para cubrir los gastos, los padres organizaron eventos y recaudaron más de $5,000, lo que permitió que dos participantes fueron becados. Tres organizaciones diferentes - los Phillies, MLB International y Nike and Pitch in For Baseball-  donaron todo tipo de artículos deportivos, incluyendo bates, pelotas, guantes y las populares camisetas de los Phillies. A parte, las familias también recolectaron materiales de escuela y medicinas. De hecho, cada jugador tenía la responsabilidad de cargar una bolsa de 50 libras de peso en material donado.

Desde el primer momento, tuvieron claro que el objetivo del viaje no era solo organizar partidos con otros chicos cubanos -grandes amantes del béisbol- sino hacer beneficencia y forjar amistades, aprendiendo de la cultura de los otros y compartiendo intereses en común. 

La mayoría de los participantes estudian español en la escuela, aunque no se conocían entre ellos ni habían jugado juntos con anterioridad.  Durante los preparativos del viaje, el “Team Philly” realizó ocho entrenos para conocerse mejor y tener ocasión de jugar juntos como equipo. 

Familias liberales y de gran corazón

Gracias a mi anterior experiencia organizando un viaje a Cuba mientras era profesora en la Universidad de Saint Joseph´s, sé que la gente que participa en este tipo de viajes es muy selecta. Las familias que están dispuestas a que sus hijos vayan a un país conflictivo durante sus vacaciones generalmente son gente liberal y de gran corazón. 

Esto cobra sentido especialmente ahora, ya que los americanos podrían perder la oportunidad de entrar en Cuba bajo la nueva administración Trump. Por otro lado, el grupo de Filadelfia tuvo la suerte de no viajar a finales de noviembre, cuando Fidel Castro acababa de morir y la isla comunista estuvo de luto durante diez días.

Hablan muy deprisa

Poco antes de iniciar el viaje, Jake Rasmussen, uno de los miembros del equipo, dijo que estaba muy ilusionado, pero no que sabía lo que le esperaba. Por lo general, él juega de tercera base y es un gran bateador, aunque también iba a compartir el papel de lanzador con otros compañeros del equipo. Incluso mientras tenía lugar esta entrevista, él volteaba el bate, siempre practicando. 

Jake había visto con sus padres el documental Cuba, Island of Baseball, en la cadena MLB. El resto del equipo había visto otro documental, Havana Curveball, presentado en el Festival de Cine Judío el otoño pasado. El documental cuenta la historia de Mica, un joven de trece años que se va a Cuba, una experiencia bastante similar a la que estaba a punto de tener el equipo de Filadelfia. El show televisivo Anthony Bourdain Parts Unknown llenó algunas de sus otras lagunas culturales. 

Jake, por ejemplo, sabía que los cubanos a menudo hablan muy deprisa, pero a él no le preocupaba porque ya había estado en Puerto Rico y en México y sabía que su madre, que le acompañaba en el viaje y sabe español, sería una intérprete ideal. 

El viaje a Cuba fue un reto en sí, empezando por tener que volar a la isla vía Miami con poco tiempo de conexión entre vuelos, con veintiocho personas y más de treinta bultos de equipaje. Cuando el grupo aterrizó en Santa Clara, en el norte de la isla, inmediatamente se encontraron con problemas en la aduana a causa de las donaciones y los artículos deportivos. De poco les sirvió la carta que llevaban con ellos, anticipando precisamente una situación así. Resulta que los americanos pueden traer regalos pero no donaciones, como se decía en la carta. Era tan tarde para cuando les dejaron salir del aeropuerto que se saltaron Santa Clara y se fueron directamente a Cienfuegos, donde jugarían su primer partido.

Cienfuegos tiene uno de los mejores centros de entrenamiento de béisbol de Cuba, a pesar de que a nuestros amigos americanos les pareció algo rudimentario por su falta de tecnología. En Cuba se juega al béisbol todo el año y “sus jugadores son buenos fildeando, pero nosotros somos buenos bateadores” dijo Jake, con confianza. 

Diplomacia Perfecta

El Team Philly estaba dispuesto al reto. Sus camisetas en rojo, blanco y azul, estampadas con las banderas de los Estados Unidos y Cuba, también tenían el monograma “JF-16” en honor a José Fernández, el famoso jugador cubano que falleció en septiembre. 

El equipo americano jugó un total de cuatro partidos; ganaron dos y perdieron dos, diplomacia perfecta. Jake bateó cinco de once; Zack, otro jugador, consiguió un jonrón, extraordinaria jugada por parte del Team Philly.

“Además de los partidos”, dice Jake, “compartir una comida con el equipo que acabábamos de conocer fue uno de mis momentos favoritos del viaje”. Fueron a un restaurante en la provincia de Matanzas y de alguna forma pudieron compartir historias. 

Generalmente el grupo comía en los tradicionales “paladares”,  casas privadas donde se sirve comida. Algo a lo que tuvieron que acostumbrarse fue a tener que esperar mucho tiempo para que llegase la comida y a pasarse dos horas en el almuerzo. La comida rápida es un concepto que todavía no ha llegado a Cuba. La mayoría de las comidas consistieron de un menú típicamente caribeño: arroz con frijoles y pollo, cerdo o gambas (que traducido al inglés se convertía en “shrimps,” en plural, lo cual les hacía reír a todos).

Uno de los momentos más memorables del viaje fue la visita al primer embajador americano en Cuba en más de cincuenta años, Jeffrey De Laurentis. El grupo tuvo la oportunidad de ver donde se hospedó el Presidente Obama durante su histórico viaje en 2016 y lo bellas que eran las casas en La Habana antes de la revolución. La mayoría de estas casas fueron expropiadas y convertidas en edificios oficiales por el gobierno comunista. 

La madre de Jake pudo hablar en privado con el embajador y su esposa y se dio cuenta de lo incierto que su futuro es ahora. No parece imposible que el nuevo Presidente Trump cierre la embajada, terminando así la frágil relación diplomática que se ha establecido entre los Estados Unidos y Cuba en los últimos años.

En el autobús del tiempo

A Jane le afectó en particular la visita a una comunidad rural en Jovellanos, donde se reunieron con familias que tienen hijos con discapacidades. Los padres del grupo llegaron en carretas para distribuir las medicinas y material escolar. Al ver a estos niños, que tienen tan pocos bienes materiales, pero que están tan bien cuidados, fue el momento de dar las gracias a los adultos.

En cualquier viaje hay cosas que no salen como uno esperaba. Originalmente el grupo iba a hospedarse en hoteles, pero cuando el itinerario final llegó, el hospedaje había cambiado a casas particulares. Esta situación ofreció la oportunidad de conocer a las familias y ver cómo viven los cubanos día a día. Pero el tener que llevar a cada uno a su casa fue impráctico. El transporte en Cuba es complicado. El grupo tuvo suerte de tener su propio autobús para moverse de ciudad en ciudad, pero ir por carretera cuatro o cinco horas no fue tan fácil algunos días. 

A causa de los problemas con el transporte y todo el tiempo que pasaron en el autobús, no hubo prácticamente ocasión para hacer turismo como les hubiera gustado. Lo que perdieron como turistas lo ganaron en experiencias culturales. Por ejemplo, las charlas amistosas en el autobús con los guías que sueñan en visitar sus nuevos amigos en los Estados Unidos. Algunos de ellos ya se han puesto en contacto con miembros del grupo por correo electrónico. 

Sí hubo tiempo para dar un paseo por La Habana vieja, aunque tanto los chicos como los mayores se quedaron más impresionados por los viejos modelos de autos clásicos americanos – que los cubanos consiguen hacer funcionar- que por  la belleza de la arquitectura de los antiguos edificios. 

Unos de los aspectos más difíciles del viaje fue estar sin conexión a Internet durante toda la semana. Uno puede imaginarse lo que habrá sido mantener entretenidos a once chicos sin poder mirar sus teléfonos móviles. Lo que sí hicieron fue pasarse un balón de fútbol americano, escuchar música y cantar a voz en grito, como hacen los jóvenes por definición. 

Intercambio de emails 

Para  Jake la parte más emocional del viaje se dio después del último partido, cuando los jugadores americanos regalaron a sus compañeros cubanos el equipamiento deportivo. Literalmente se quitaron las camisetas que llevaban puestas. Jake compartió su bate, el jersey y la gorra con Nelsito. Un momento especialmente tierno fue cuando Nelsito llamó a un amigo suyo  para darle el guante de batear de Jake “porque lo necesitaba más que él.” No había ningún jugador con la talla 12 de los zapatos deportivos que usa Jake, así que un padre los aceptó. 

Después de un viaje como éste, es importante saber cómo la experiencia ha afectado las vidas de los compañeros de equipo. Jake dice que está agradecido por haber tenido esta oportunidad, cuánto aprecia ahora todo lo que sus padres le compran sin problemas y toda la tecnología que tiene a mano cada día. Tiene planes para aprender más español; él sabe como agradar a sus padres. Por lo menos por un tiempo, estos jóvenes no van a dar por sentado la comodidad de sus hogares y los modelos de carros que conducen sus padres.

El último día del viaje los chicos pudieron parar brevemente en Caleta Buena, en el camino de vuelta de La Habana a Santa Clara. Los momentos que pudieron pasar nadando y buceando libremente, después de un trabajo tan bien hecho, fue uno de sus favoritos. 

Salir de la isla fue tan ajetreado como el llegar. “A las cinco de la tarde todavía estábamos en el autobús rumbo al aeropuerto cuando nuestro vuelo era a las seis”, explica Jane Day Rasmussen.

Sueños Rotos

La situación política entre los Estados Unidos y Cuba continúa siendo inestable. Precisamente la semana pasada, el Presidente Obama revocó la política de inmigración “pie mojado, pie seco” que permitía a los cubanos que pisaban suelo americano hacerse ciudadanos de Estados Unidos. La revocación de esta ley significa que los cubanos serán tratados como cualquier otro inmigrante que entre en este país, algo que el gobierno de Cuba deseaba hace años. 

Por otro lado, a pesar de su histórico viaje a Cuba el pasado marzo, la promesa que hizo Obama en su campaña electoral de cerrar Guantánamo y terminar el embargo no se ha realizado. Ahora está por ver qué sucederá con el nuevo presidente, pero todavía es más impredecible y menos prometedor. Solamente podemos esperar que los viajes culturales y de beneficencia como el que hizo “Team Philly” tengan permiso para continuar.

 

 
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