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Ya en octubre la Casa Blanca, en un regreso infame a lo peor de la guerra fría, había cancelado los vuelos comericales a todos los aeropuertos fuera de la capital. Depositphotos
Ya en octubre la Casa Blanca, en un regreso infame a lo peor de la guerra fría, había cancelado los vuelos comerciales a todos los aeropuertos fuera de la capital. Depositphotos

La cobardía como postura política

El Secretario del Estado, Michael Pompeo, suspendió todos los vuelos charter a Cuba excepto a La Habana. 

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“A la calle a protestar y a exigir los derechos que se supone tengan los estadounidenses, entre ellos la libertad de viajar. A organizarse para hacer saber que no todos los cubanos que vivimos fuera de nuestra patria estamos de acuerdo con los abusos y la estúpida política impulsada por Trump, Rubio, Díaz Balart y toda la sarta de vendepatrias y cipayos. Y a movilizarse para que la gente afectada, que son cientos de miles, vote en las próximas elecciones contra el racista que sirve de presidente de este país”.

Uno pensaría que esta sería la airada reacción de cualquier grupo de inmigrantes – en este caso cubanos --a los que un gobierno corrupto y abusivo como el de Donald Trump los quisiera privar arbitrariamente de su derecho a viajar libremente a su país de origen y visitar madres, esposas, hijos, amigos, o simplemente a respirar el aire de su tierra.

Aún peor, cualquiera creería que ese grupo de inmigrantes utilizaría todos los recursos existentes dentro de la ley para denunciar y protestar contra una política criminal del país más poderoso del mundo que, por más de medio siglo, ha intentado sin éxito rendir por hambre a Cuba, un país pequeño en extensión, pero inmenso en dignidad.

Me refiero, por supuesto, a las medidas anunciadas hace unos días por el secretario de Estado, Michael Pompeo, suspendiendo todos los vuelos charter a Cuba excepto a La Habana. Ya en octubre la Casa Blanca, en un regreso infame a lo peor de la guerra fría, había cancelado los vuelos comerciales a todos los aeropuertos fuera de la capital.

"La acción de hoy restringirá aún más la capacidad del régimen cubano de obtener ingresos, que utiliza para financiar su represión contra el pueblo cubano y su apoyo desmesurado al dictador Nicolás Maduro en Venezuela", dijo Pompeo cínicamente en un comunicado.

Sin embargo, las protestas han sido mínimas. Como ha dicho Julio Ruiz, un médico cubano-americano residente en Miami, “Es sorprendente la apatía política de los cubanos-americanos en Miami, antes y después de las recientes medidas limitando los vuelos a Cuba. Yo estaría protestando en Biscayne Boulevard o en la Calle 8. Hasta los supuestos líderes demócratas de la comunidad rehúsan unirse y hasta reunirse por una misma causa, que es la familia cubana, el derecho a viajar, y a ayudarlos. Esperemos que el tiro le salga por la culata a la administración de Trump en las elecciones presidenciales de noviembre. Si no despídase de Cuba por 5 o 6 años”.

En realidad, lo que hay es una cobardía que avergonzaría a cualquier otro grupo étnico, pero que se intenta disfrazar presentándola como una postura política de principios y apoyo nada menos que a Donald Trump, quien los deporta, los desprecia y además castiga con imperial arrogancia a su propia patria.

La cobardía como postura política: cínico y vergonzoso.