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Un comité desconectado de la realidad

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 A veces la mejor manera de liderar es disentir. Tomemos el caso del representante Filemon Vela, demócrata por Texas, en su primer período como miembro del…

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 A veces la mejor manera de liderar es disentir.

Tomemos el caso del representante Filemon Vela, demócrata por Texas, en su primer período como miembro del Congreso, que representa un distrito a lo largo de la frontera mexicano-americana. Recientemente, Vela renunció al Comité Hispano del Congreso (CHC, por sus siglas en inglés) como protesta contra el apoyo del grupo al proyecto de ley del Senado, que militarizaría aún más la frontera. Vela considera que esa medida sería un gran error, y que el Comité nunca debería haberla aprobado.

Permítanme presentarles el Comité Hispano del Congreso. Constituye un sistema de apoyo para 27 legisladores hispanos de la Cámara y del Senado, que se reúnen regularmente para discutir prioridades legislativas. Lamentablemente, en el curso de los años, el grupo ha sido apropiado por su partido y a menudo coloca los intereses de los demócratas por encima de los de los hispanos. Sus miembros temen ir contra la corriente, colocando sus cómodos puestos en peligro. Participan para llevarse bien.

Consideremos la reforma educativa. Los grupos de derechos civiles hispanos apoyaron la ley de educación Que Ningún Niño Quede Atrás, que aumentó la responsabilidad de las escuelas, los maestros y administradores en realzar el desempeño académico de estudiantes socialmente desfavorecidos -entre ellos, muchos hispanos. Mientras tanto, el CHC anunció la línea del partido demócrata, que criticaba un "enfoque de tamaño único" y presionaba para que las escuelas obtuvieran fondos con menos condiciones.

¿Por qué? Sigamos el rastro del dinero. Los sindicatos nacionales de maestros, que se opusieron fervientemente a medidas que exigieran rendir cuentas, dieron millones de dólares a candidatos demócratas.

Es una vergüenza. En ese momento, la mayoría de los miembros del CHC no pudieron hallar el camino de vuelta a sus principios básicos, o a los motivos por los que procuraron su cargo, ni con un mapa y una brújula.

Se han desviado realmente de su rumbo en su apoyo al proyecto de ley migratoria del Senado -redactado por la "Pandilla de los Ocho", enmendado para militarizar la frontera y apoyado por los demócratas del Congreso y por la Casa Blanca.

La medida está repleta de cercas y agentes de la patrulla Fronteriza y vacía de sentido común. El proyecto cuenta con más de 1.000 páginas y está lleno de clientelismo que no tiene nada que ver con la inmigración. También se basa en la necia idea de que podemos "imponer" nuestro camino a una política migratoria mejor; de que si enviamos suficientes centinelas y construimos una muralla suficientemente alta, los inmigrantes ilegales se detendrán de golpe. Buena surte en esa empresa.

Una actitud basada en principios se opondría a ese anteproyecto. Pero, por lealtad partidaria, el Comité Hispano del Congreso lo ha apoyado.

El grupo también le sopló un beso al presidente Obama, el presidente más anti-inmigración desde Dwight Eisenhower, quien ordenó que cargaran a campesinos mexicanos en vagones de tren, durante la Operación Espaldas Mojadas de 1954. Antes de una reunión reciente en la Casa Blanca entre Obama y el CHC, el presidente del comité, Ruben Hinojosa, demócrata por Texas, dio un comunicado elogiando al presidente por ser "un gran aliado en la lucha para reformar un sistema migratorio fallido".

Si su experiencia en el Congreso no le resulta, Hinojosa debería dedicarse a escribir ficción. Obama ha sido un aliado silencioso que nunca ha demostrado un interés real en la reforma migratoria. Le gusta la imposición de la ley. Su gobierno ha deportado casi 2 millones de inmigrantes ilegales, ha dividido cientos de miles de familias y ha llevado a cabo innumerables detenciones.

Según datos obtenidos por el National Immigrant Justice Center, con sede en Chicago, mediante el Freedom of Information Act (Ley para la liberación de la información), funcionarios federales apresaron, entre 2008 y 2012, a 1.366 inmigrantes menores durante tres o más días, en centros de detención de adultos. De ese número, 371 menores estuvieron detenidos por un período de entre uno y tres meses, y 19 de ellos, aún durante más tiempo.

La norma del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas es no detener a menores en instalaciones de adultos durante más de 72 horas. Todo esto tuvo lugar principalmente durante el gobierno de Obama.

Si el proyecto de ley del Senado —o cualquier cosa que se le acerque— se convierte en ley, podemos esperar que las pesadillas continúen.

El presidente de la Cámara, John Boehner decidió no discutir la ley del Senado sino comenzar de cero con una propuesta de la Cámara que, sin duda, reproduciría gran parte de las disposiciones sobre seguridad fronteriza.

El CHC debería haber adoptado una postura contra esta vergüenza. No lo hizo. Otro fallo.

Por tanto, por este medio presento una moción para que se desbande el Comité Hispano del Congreso por ser irrelevante, inútil y estar tristemente desconectado de sus propios electores. ¿Quién quiere secundar mi moción?