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Si hay deficiencias en la seguridad cibernética, las consideramos separadamente. Adoptamos “Internet de las cosas” sin admitir que también es el “Internet de los peligros”. 
Si hay deficiencias en la seguridad cibernética, las consideramos separadamente. Adoptamos “Internet de las cosas” sin admitir que también es el “Internet de los peligros”. 

[OP-ED]: Estados Unidos se engaña con Internet

Estados Unidos quizás haya escapado la mayor parte de los daños digitales del virus global “ransomware”, aunque los expertos en cibernética temen más ataques…

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La inconfundible lección de años recientes es que Internet es un arma de dos filos. A pesar de sus grandes beneficios—acceso instantáneo a enormes cantidades de información, la proliferación de nuevas formas de empresas, comunicaciones y entretenimiento—también alienta la criminalidad, el conflicto global y los trastornos económicos. 

Los rusos, según el consenso general, piratearon las computadoras del Comité Demócrata Nacional, creando temores de que la elección presidencial de Estados Unidos se viera afectada. En Dallas, los piratas encendieron las sirenas de emergencia de la ciudad durante más de una hora. Ladrones cibernéticos robaron 81 millones de dólares del banco central de Bangladesh, aunque parte del dinero aparentemente se recuperó. 

Dependemos en forma peligrosa de los sistemas con base en Internet. Todos estos incidentes amenazan la urdimbre social de las sociedades victimizadas. Si los rusos piratearon a los demócratas, ¿quién podría ser el próximo? Quienquiera fuera el que prendió las sirenas de Dallas, ¿no podría acaso apagar los semáforos o la red eléctrica local? ¿Cómo son de seguras las transferencias financieras electrónicas? 

“Ransomware” valida esos temores. Lo asombroso fue la velocidad con que se propagó. Según un cálculo, emigró a 150 países y afectó 200.000 computadoras. A pesar de la veloz respuesta—el descubrimiento de un llamado “interruptor de la muerte” en el malware, que desactivó el virus—el mensaje básico sigue vigente: Gran parte de la asistencia sanitaria, del transporte y de las empresas ordinarias podrían cerrar fueran privados de acceso a Internet, ya fuera por gobiernos hostiles (¿Corea del Norte?) o delincuentes cibernéticos. 

Ese hecho convierte a Internet en un arma que puede utilizarse contra nosotros—o por nosotros. En una presentación ante el Comité de Inteligencia del Senado, Daniel Coats, director de inteligencia nacional, lo expresó de la siguiente manera: “Nuestros adversarios se están volviendo más adeptos en el uso del ciberespacio para amenazar nuestros intereses y avanzar los propios y a pesar de mejorar las defensas cibernéticas, casi toda la información, redes de comunicación y sistemas correrán riesgos durante años.”

El problema es que estamos asistiendo e instigando a nuestros adversarios. Somos adictos a Internet y nos negamos a reconocer la forma en que nuestra adicción afecta nuestra seguridad. Cuanto más conectamos nuestros aparatos e instrumentos a Internet, más caminos creamos para que los demás la usen contra nosotros, ya sea cerrando sitios Web o controlando lo que éstos hacen. Para decirlo de otra manera, estamos—increíblemente—buscándonos problemas. Nuestros intereses comerciales y nuestra seguridad nacional divergen. 

El último ejemplo de esta tensión es el llamado “Internet de las cosas” u “hogar inteligente”. Involucra conectar diversos aparatos (termostatos, lámparas, cámaras, cerraduras, hornos) a Internet, para poder operarlos y monitorearlos remotamente. Ésa sería una importante expansión de Internet que produciría mucho dinero. 

Una firma consultora, Ovum, predice que entre 2016 y 2021, el número de hogares inteligentes en el mundo se elevará de 90 millones a 463 millones, con las mayores concentraciones en Estados Unidos y China. Ovum anticipa que cada hogar inteligente tendrá casi nueve aparatos separados conectados con Internet y el total global llegará a 4.000 millones de dólares para 2021. 

Todo eso aumenta la vulnerabilidad de los estadounidenses y de otros a los ataques cibernéticos. Sin duda, el “Internet de las cosas” tendrá protecciones de seguridad. Pero tal como vimos, se producen errores y hay brechas. O los piratas superan las murallas de protección. El crecimiento de “Internet de las cosas” crea más avenidas y oportunidades para que naciones hostiles o piratas penetren diversas defensas cibernéticas. 

La presentación de Coats explica ese aspecto: “En el futuro, agentes del estado y no-del-estado probablemente utilicen aparatos [Internet de las cosas] para apoyar operaciones de inteligencia ... o atacar redes de computadoras que se hayan tomado como blanco.” 

Cómo podemos o debemos regular la tensión entre nuestros intereses comerciales y nuestra seguridad estratégica no está claro. Ni siquiera podemos empezar una conversación si no admitimos que la tensión es real y está empeorando todo el tiempo. 

En lugar de franqueza, compartimentamos. Elogiamos profusamente a nuestros capitalistas cibernéticos—Mark Zuckenberg, Jeff Bezos y otros—por sus logros mientras nos olvidamos convenientemente de que esas mismas tecnologías nos vuelven más vulnerables. (Revelación: Bezos es dueño del Washington Post). Si hay deficiencias en la seguridad cibernética, las consideramos separadamente. Adoptamos “Internet de las cosas” sin admitir que también es el “Internet de los peligros”. 

Las tecnologías para promover Internet y protegerla son las mismas. Debemos considerar nuestra adicción en todos sus aspectos, incluso los desagradables. Pero negamos la realidad.