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French-Venezuelan director Alexis Gambis often mixes science and narrative in his films.  Courtesy of Alexis Gambis.
French-Venezuelan director Alexis Gambis often mixes science and narrative in his films.  Courtesy of Alexis Gambis.

Científico, chamán y emigrante

Tras su exitoso paso por Sundance, el último filme del franco-venezolano Alexis Gambis es una historia sobre identidad,  genética, la migración y la…

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: AAPI Philly RISE

May 27th, 2022

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Cada año, a finales del verano, millones de mariposas monarca comienzan un largo viaje de ida y vuelta desde los Estados Unidos y Canadá hasta las montañas del centro de México, donde pasan el invierno. 

En pueblos como Angangueo, en Michoacán, estas inmigrantes a las que nadie mete en jaulas pero todos reclaman para sí su nacionalidad, forran los árboles de coníferas de los santuarios de colores anaranjados. Son las supervivientes de una odisea que comprende miles de kilómetros y no pocos obstáculos: campos rociados de herbicidas, bosques arrasados por la tala ilegal y minas como las que salpican el paisaje de Michoacán. 

Mendel nació en Angangueo, el lugar elegido por esta bella mariposa para dormir, y a la vez un “punto caliente” debido al acecho de los narcos. Una inundación los dejó a él y a su hermano Simón sin padres y al cuidado de su abuela; luego, Medel migró a los Estados Unidos para convertirse en científico y Simón se quedó. Ahora que la matriarca ha muerto, Mendel debe iniciar su regreso que, como a la mariposa, le supondrá una transformación. 

Así empieza Hijo de Monarcas, la película del cineasta y biólogo franco-venezolano Alexis Gambis que recibió el premio Alfred P. Sloan al mejor largometraje en el festival de Sundance e inicia ahora su propio viaje por los festivales más prestigiosos de Estados Unidos. Una cinta donde la ciencia dialoga con el pensamiento mágico, los mitos y el ritual, reuniendo de nuevo a la figura del médico y la del chamán en una misma persona, la de Mendel. 

“La separación entre la ciencia y la mística ocurrió en los últimos 50 años; en algún momento la ciencia era magia, pero fue puesta en esa sala blanca,  separada de la naturaleza y el ritual”, dice Gambis, para quien mirar a través de un microscopio es algo metafísico, espiritual. 

“Mendel se siente entre dos países (México y Estados Unidos), pero a través de la ciencia se acerca a su historia, cultura y mitología, y puede trascender la separación entre esos dos mundos”, explica a AL DÍA. 

“Mendel se siente entre dos países (México y Estados Unidos), pero a través de la ciencia se acerca a su historia, cultura y mitología, y puede trascender la separación entre esos dos mundos”, explica a AL DÍA. 

Tender puentes entre la ciencia, el ritual y el arte es algo que siempre ha estado presente en la obra de Alexis Gambis, que se interesó por el cine a través de la ciencia mientras estudiaba insectos y biología molecular en Nueva York. ”Es un poco mi vida”, dice. “Eso me acercó al arte”.

Mientras llevaba a cabo su doctorado en genómica, Alexis empezó a rodar pequeños cortos y a interesarse en el realismo mágico, hasta que fundó el festival Imagine Science, estudió cinematografía y acabó entendiendo que la ciencia era su ingrediente para hacer cine. 

“Mucha gente dice que abandoné la biología por el cine, pero me gusta pensar que soy científico. Un investigador con cámara”, asegura. A fin de cuentas, ¿qué hace un científico sino contar historias para entender el mundo? La ciencia y el mito son las dos caras de una misma moneda. 

La ciudad de Nueva York es el lugar donde comienza la historia de Mendel en Hijo de los Monarcas.  Depositphoto
Migrar para sobrevivir 

Si para Alexis Gambis la ciencia y el ritual no son compartimentos estancos sino que están en constante simbiosis, también lo está la búsqueda de la identidad que impulsa al protagonista de Hijo de Monarcas a viajar a sus raíces. 

“La identidad es muy compleja y es tanto la del país materno como la que uno se forma a lo largo de su vida y que está muy relacionada con la genética”, cuenta el cineasta. 

Mendel, que recibió su nombre de Gregor Mendel, el padre de la herencia genética, es un mexicano que emigra a Estados Unidos por razones diferentes a las que habitualmente muestra el cine cuando representa a los latinos; un científico formado, alguien como los artistas e investigadores que Gambis conoció en Nueva York. 

“Quería mostrar esa fluidez en la migración del que cruza la frontera y vuelve, un viaje de ida y vuelta como hace cada año la mariposa monarca. Pero en la monarca hay algo más, porque tiene tres identidades: la canadiense, la americana y la mexicana, y quería contar la historia de alguien que tiene varias identidades y cómo se relacionan entre ellas, ya que Mendel busca entender quién es a la vez que es su propio antagonista”, dice.

En Hijo de Monarcas, la cuestión de la fluidez de las migraciones también se aborda a través de los idiomas, el inglés de adopción y el español. 

Gambis se definió a sí mismo como “un investigador con una cámara” al hablar de su proceso de filmación. .   Cortesía Alexis Gambis.
Entender el cambio 

Para construir muchas veces hay que destruir; o dicho de otra manera, la vida son ciclos de muerte y renacimiento, incluso de facetas de nosotros mismos. Y es a través del fin de la existencia ―la muerte de su abuela ―cuando Mendel puede iniciar su propia metamorfosis, atravesando un proceso de duelo de la persona que era y en el que el espectador se convierte mágicamente en su compañero. 

“Tenemos la obsesión de estar fijos en el tiempo pero la metamorfosis es algo a lo que no podemos resistirnos. Igual que Mendel, que no quiere cambiar aunque es consciente de su cambio; al mismo tiempo que es precisamente esta transformación de la mariposa a partir de la oruga la que marca el tiempo de la historia”, señala Gambis, para quien comprender que somos parte de este cambio es esencial para que humanos y animales puedan adaptarse. 

Y ocurre también en nuestro ADN, de forma lenta y silenciosa, pero constante. Y a menudo es algo que tratamos de controlar: nuestra identidad genética. La posibilidad de esquivar las enfermedades, e incluso la muerte. 

“Muchas veces, en el cine científico se hace ciencia ficción y siempre hay un poco de horror y fascinación por el futuro, pero lo que me encanta es jugar con el realismo mágico y ver el futuro con una mezcla de realidad y fantasía”, dice este artista biólogo venezolano. 

La mariposa representa tanto las raíces de Mendel como el viaje de vuelta a ellas.  Cortesía Alexis Gambis.
Nuestro presente, nuestro futuro 

Enmarcada en la era Trump, aunque no de manera muy explícita, si Alexis Gambis tuviera que rodar de nuevo esta película no lo haría de forma muy diferente: 

“Yo nunca quise mencionar a Trump directamente, pero el presidente hizo un comentario comparando a los mexicanos con animales que me inspiró mucho para la película. Pensé: “Sí, tiene razón, nos llama animales, y es que somos animales”, sostiene. 

“Yo nunca quise mencionar a Trump directamente, pero el presidente hizo un comentario comparando a los mexicanos con animales que me inspiró mucho para la película. Pensé: “Sí, tiene razón, nos llama animales, y es que somos animales”, sostiene. 

Gambis es un maestro de la metáfora no sólo para hablar del ser humano a partir de la ciencia, sino para hablar de política a través de la naturaleza y sobre todo los animales. Como cuando el amigo de Mendel, Vicente, le explica cómo los ocelotes no pueden cruzar la frontera por culpa del muro de Trump o se refiere al nahual, un animal mitológico conocido como “cambiapieles” que es también símbolo de esta transformación. 

El cambio climático y la devastación de Angangueo debido a la minería y la tala ilegal son dos ejes de la historia que Gambis trata desde la ciencia y el mito al hacer que su abuela le diga a Mendel niño que es tan vieja como el bosque, o al referirse a cómo se creía que el alma de algunas personas era encarnada por la mariposa, o a la inundación que acabó con la vida de sus padres y a la nevada  muy anterior que causó la muerte de las mariposas monarcas, hoy en peligro de extinción. 

De hecho, el propio rodaje fue un ejercicio de conciencia medioambiental y de antropología. El cineasta viajó durante años a Angangueo para conocer cómo vivían las personas del lugar, a las que acabó involucrando en el filme, y rodar diversos cortos. Al mismo tiempo logró tener acceso privilegiado a los santuarios, donde nunca antes se había rodado una película de ficción. 

“Pasé tres años yendo a México como investigador para entender los santuarios y también la deforestación, la contaminación y la mina que cerraron en Angangueo y que van a volver a abrir”, recuerda. “Cuando conseguimos el acceso para filmar las colonias de monarcas que hibernan fue una experiencia muy silenciosa, y todos tuvimos que adaptarnos, incluyendo los niños, que improvisaron mucho imaginando que las colonias de monarcas eran osos”, cuenta. 

“¿Tú crees que podremos volar algún día?”, le pregunta Mendel a su hermano cuando son todavía muy chicos. A lo que Simon le responde con una fecha: 2023. La realidad, también la especulada, bebe de los milagros. 

Actualmente, Alexis Gambis se encuentra inmerso en otros proyectos como El Beso y Mouse Trap, una docuficción ambientada en su hogar de la infancia y con él como protagonista, que trata sobre la búsqueda de la memoria y sobre los ratones. 

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