En septiembre del año pasado, Donna Maldonado-Schullo reportó en Al Día de Filadelfia sobre un informe del Journal of the American Medical Association (AMA) que una bebida gaseosa al día puede hacer que alguien gane 15 libras en un año.

De las comidas que consumimos comúnmente, las bebidas son las responsables de un gran porcentaje de calorías. Contienen grandes cantidades de jarabe de maíz rico en fructosa (HFCS por sus siglas en inglés) para endulzarlas, lo cual aumenta el riesgo de ser obeso y contraer la diabetes.

Son en particular vulnerables los niños por que la glucosa tiene altos niveles de compuestos activos que causan daño al tejido, lo cual a su vez puede llevar a la diabetes.

Las bebidas con HFCS tienen altos niveles de carbonilos reactivos, un compuesto que se asocia con moléculas de fructosa y de glucosa “desligadas” que se cree perjudican el tejido. Como contraste, el azúcar de mesa está “ligada” y “estable” químicamente.

Esto no implica que el consumir el azúcar es muy benigno, tampoco. Hace cien años, la persona promedio consumía aproximadamente cinco libras de azúcar al año. Hace unos veinte años, el consumo aumentó a 20 libras.  Hoy es de 135 libras al año.

Literalmente, el comer y el beber de manera desnutrida se ha convertido en un problema de salud. El alto contenido de azúcar en las dietas lleva al síndrome metabólico – la co-incidencia de hipertensión, obesidad y diabetes.

Según los Institutos Nacionales para la Salud (NIH por sus siglas en inglés), el 65 por ciento de los que sufren de diabetes morirán de infarto o de derrame cerebral. Reportan que el 10.4 por ciento de los hispanos ya ha sido diagnosticado con la diabetes.  Es alarmante que para los que tienen 50 años o más, la incidencia sube a 25 o 30 por ciento.

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Andrea Vega / Redacción AL DÍA