A pesar de que Nataly celebró sus 15 un año tarde, dice que fue un sueño hecho realidad.

 

Se dice que los quince años es la edad de las ilusiones, y entre la comunidad hispana celebrarlos es un gran evento, una tradición que se ha preservado y traído desde México hasta importantes ciudades como Filadelfia, incluso si los recursos son escasos.

Tal es el caso de Nataly Hernández Montoya, originaria de Tlaxcala, México, y residente del sur de Filadelfia desde hace 4 años.

“Cuando mi papá me dijo que nos íbamos a venir a vivir aquí yo tenía 12 y no quería porque pensé que no iba a tener fiesta de quince, ni amigas que vinieran”, recordó Nataly.

 “Yo le dije a mi papá que no quería la fiesta para que no gastara, pero después de ver las de mis amigas, un día le dije, papi yo sí quiero mis quince, pero como no había muchos recursos la hicimos hasta un año después, osea a mis 16”, dijo Nataly.

Fue entonces cuando su hermano menor Pedro, de quince años, se propuso a apadrinar la celebración.

“Yo le dije a mi hermana pídeme lo que quieras y yo te lo voy a dar, porque es mi única hermana, y yo trabajo mucho y ahorré para ayudarle a mi papá a pagar la fiesta”, dijo Pedro Hernández, quien trabaja una jornada de ocho horas diarias.

En una quinceañera se tienen que tomar en cuenta muchos detalles, desde el vestido hasta los recuerditos para los invitados, las diferentes ceremonias, invitaciones y una serie de rituales parecidos a los de un matrimonio.

Para poder realizar el sueño de Nataly la familia Hernández también recurrió a familiares y amigos para que apadrinaran la fiesta como es costumbre entre los mexicanos.

“Tuve mis padrinos de sonido, una amiga de mi mamá fue la madrina de comida y cocinó barbacoa, salsa y frijoles charros; mis tíos de Nueva York me regalaron mi vestido, zapatillas, ramo, guantes y tocado; mi primo fue mi padrino de anillo; mis tíos de Nueva Jersey, de mi pastel de 11 pisos, otros tíos me apadrinaron con el tequila, mi mamá calcula que se gasto alrededor de $10 mil”, explicó Nataly, quien en su fiesta recibió a 250 invitados.

 “Ella es mi única hija, y yo lo poquito o lo mucho que tenga se lo voy a dar, me gustó toda la fiesta, me emocionó desde que la empezaron a peinar, la misa y todavía cuando veo el video hasta me dan ganas de llorar”, dijo el padre de familia.

 “Me siento contento de que salió todo bien, yo se que mis padres no le pudieron dar ese gusto a mis hermanas y me alegro que yo si pude dárselo a Nataly”, agregó. “Ahora lo único que le pido es que estudie y le eche ganas”.

“Tuve cuatro chambelanes (acompañantes), tres de México y uno de Ecuador, y damas no porque dice mi papá que después opacan a la quinceañera”, dijo Nataly.

Otro mexicano que reside en Filadelfia desde hace 5 años fue el maestro de coreografías.

Silvano Clapescho es un experto en la entrada de la quinceañera, el baile con los chambelanes, la presentación del primer y último juguete, la coronación y el vals con la familia, ceremonias que duran alrededor de una hora y suelen ser el comienzo de la fiesta.

Clapescho nació y creció en Ciudad de México, durante muchos años trabajó en la instalación de sonido para bodas y “quinceaños” y de observar aprendió a montar coreografías, por las que cobra alrededor de $500.

“Llevó 17 años haciendo esto y nunca he repetido una coreografía, cada quinceañera es única y merece una coreografía única”, dijo Clapescho.

Nataly recuerda su fiesta con mucha alegría y asegura que el momento que más le gustó de toda la fiesta fue bailar el vals en los brazos de su papá.

Mientras que para su hermano Pedro lo mejor fue bailar con su hermana el llamado baile sorpresa al son del pasito duranguense y haberle podido regalar aquella medalla de quince años que ella tanto quería y  que en el momento por falta de dinero su padre no le había podido comprar .

“Se hace lo que se puede y bendito Dios estamos juntos y estamos bien. Hacerle una fiesta de 15 años a mi única hija era una ilusión muy grande para mí”, comentó la madre de Nataly.

Después de su misa de quince, de haber recibido una muñeca como primer regalo, un oso gigante de peluche como último, haber sido coronada por sus padrinos, bailar merengue, duranguense, recibir su medalla  y el brindis, el padre de Nataly no dejó de decirle, “Ya ves mija pensaste que no ibas a tener quince, ni amigas que vinieran y mira que fiesta tan bonita y cuantos invitados”. 

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Adriana Arvizo / Redacción AL DÍA