Con sólo pocas semanas hasta el día de las elecciones, éste es un buen momento para considerar algunos titulares recientes sobre el voto latino. 

A principios de septiembre, América Ferrera, actriz galardonada con el Emmy, presentó la cruda realidad a los asistentes a la Convención Nacional Demócrata. 

"Es increíblemente peligroso dar por sentado que, puesto que el número de latinos está creciendo en este país, eso equivaldrá a una participación política y a una determinación política", expresó Ferrera. "Una cosa no lleva automáticamente a la otra". 

¡Pam! 

Estaba diciendo la verdad, claro. Pero tras un año de incesante cobertura sobre cómo éste podría ser el año en que los latinos determinen el resultado de la elección presidencial —¿quién podría olvidar la primera tapa en español de la revista Time, en marzo, titulada "Yo Decido"?— algunas personas están simplemente asustadas.

Naturalmente, cuando Mitt Romney bromeó durante una reunión de recaudación de fondos, que le sería más fácil obtener el voto latino si él fuera hispano —y quién podría negar ese hecho— la gente se alteró. Y como si eso fuera poco, el cineasta liberal Michael Moore empeoró las cosas. Creó la etiqueta (hashtag) #ifonlyiweremexican en Twitter, que se propagó como un reguero de pólvora y generó un montón de tweets racistas y ofensivos sobre los mexicanos. 

Poco después, locutores del canal Univisión acribillaron a preguntas al presidente Obama quien, en un ataque de demagogia con los hispanos, declaró que el hecho de que no se aprobara una reforma migratoria integral fue el mayor fracaso de su primer período. 

¿De verdad? ¿No lo fue, acaso, el no priorizar la creación de puestos de trabajo y la recuperación económica desde el primer día en su cargo? La única sorpresa real es que la prensa dominante no ridiculizó a Obama por comentarios tan increíbles, pero supongo que lo que se dice en la televisión en español, allí queda.  

Hacia fines de septiembre, un grupo de derechos civiles llamado Advancement Project divulgó un informe según el cual los cambios en las reglas de votación podrían disuadir a 10 millones de hispanos de acudir a las urnas. 

El informe era parte del intento de implicar que los republicanos han creado una conspiración nacional para negar el derecho al voto de las minorías, pero observadores más sobrios no tardaron en intervenir. 

"Creo que el número es un poco exagerado", expresó Arturo Vargas, de la Asociación Nacional de Funcionarios Electos y Nombrados (National Association of Elected and Appointed Officials), a un reportero de Voxxi, un sitio web  de noticias hispano. Angelo Falcón, presidente del National Institute for Latino Policy, dijo que, carente de todo cálculo viable para medir la participación de los latinos en las urnas, los números son pura especulación. 

Varias encuestas dicen que no hay mucho entusiasmo de los electores latinos. Una reciente encuesta de Impremedia/Latino Decisions implicó que podría deberse al hecho de que los electores hispanos registrados no conocen a muchos funcionarios electos latinos.

El 36 por ciento de los encuestados nunca oyó hablar de Antonio Villaraigosa, alcalde de Los Ángeles y presidente del Comité de la Convención Nacional Demócrata. El 50 por ciento nunca oyó hablar de Susana Martínez, gobernadora de Nuevo México, una de las principales oradoras de la Convención Nacional Republicana, y el 38 por ciento nunca oyó hablar de Marco Rubio, senador republicano de Florida, quien empujó a Obama a actuar con respecto a los estudiantes de la Ley DREAM. 

Todo ello incitó a que los comentaristas expresaran que los candidatos debían apuntalar el apoyo hispano. 

Los candidatos acaban de pasar el Mes de la Herencia Latina rogando por el apoyo de los latinos. Los hispanos que no saben quiénes son sus líderes políticos hispanos simplemente no han estado prestando atención. Será su culpa si los 24 millones de latinos habilitados para votar no hacen historia en noviembre y, en lugar de eso, mantienen al "gigante dormido" cómodamente arropado en su cama. 

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Esther Cepeda