Lleno de plantas y rincones de colores, "Las Parcelas" es el corazón de los seis jardines que participan del Norris Square Neigborhood Project (NSNP) en Filadelfia, una iniciativa para recuperar uno de los barrios más sacudidos por la droga en la ciudad y que ahora es una casa más para la comunidad puertorriqueña.

En 1973, dos profesoras locales se unieron para crear un centro educativo ciudadano, en el que las nuevas generaciones encontraran un lugar de protección ante la oleada de drogadicción que sacudía el barrio y a la vez pudieran tener acceso a la cultura y al intercambio comunitario.

Con la ayuda de las familias del barrio, en 1982 se limpió un terreno abandonado sobre el que se construyó el primero de los jardines, "Raíces", dedicado a la exploración de las raíces puertorriqueñas, una de las mayores comunidades de la zona.

Hoy ya, junto a "Raíces" y "Las Parcelas", existen otros cuatro jardines a los que, como si se trataran de un oasis dentro del barrio, acude gente de todas las edades para colaborar y compartir momentos con la comunidad.

Rafael Álvarez, director del programa Jardines para el NSNP, explicó que durante casi cuatro décadas el trabajo de decenas de voluntarios y vecinos ha ido creciendo exponencialmente hasta lograr crear un pequeño paraíso en medio del barrio, donde las raíces de Puerto Rico se notan a cada paso.

Además de "Las Parcelas", existen otros cinco jardines en las inmediaciones, donde realizan talleres de lectura, celebraciones folclóricas, proyecciones de películas o representaciones teatrales.

Los programas de educación ambiental y cultural del NSNP han ayudado a transformar la comunidad que la rodea y la vida de los latinos residentes en Norris Square, donde ahora "Las Parcelas" se ha convertido en un lugar "auténticamente puertorriqueño".

Los jóvenes plantan y cuidan de las especies que embellecen los jardines, entre los que existe uno dedicado a las fuertes influencias de la cultura africana en Puerto Rico con verdaderas casas aborígenes hechas por ellos mismos.

"Cultivamos las hierbas con las que después cocinamos en nuestras reuniones. Con nuestras plantas los platos saben 3.000 veces mejor", dice Álvarez entre risas.

Uno de los mayores atractivos del jardín es "La casita", una reproducción "muy fiel" de las pequeñas casas costeras que se construían antes en Puerto Rico.

"La casita es un auténtico museo -dice Álvarez-. Todos los objetos que hay aquí los ha ido donando gente de la comunidad hasta el punto de que sea tan auténtico", relata mientras pasea por sus pequeñas dependencias que, como esos jardines, transportan a otro lugar.

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Lauren Bateman