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Cada domingo durante la tercera misa que se ofrece en la parroquia San William se puede escuchar el sermón del padre Stephen McCarthy completamente en español, donde unas 300 familias conforman la congregación latina de esta parroquia. 

Localizada en la área de Olney, en el 6200 de la avenida Rising Sun, san William también cuenta con la congregación más grande de feligreses peruanos en la ciudad de Filadelfia. 

A pesar de que la religión católica es la más practicada por inmigrantes de Latinoamérica, y de contar con un buen número de asistentes hispanos, según la hermana Rachel Torrieri, representante del ministerio hispano en esta parroquia, "no todos los feligreses pueden asistir regularmente a la parroquia. El domingo ya no es un día de descanso".

Torrieri ha notado que los creyentes hispanos tienen un horario de trabajo riguroso durante largas horas, que les permite proveer para sus familias. Tampoco les deja tiempo para aprender inglés.

La parroquia solía ofrecer clases de inglés como segundo idioma (ESL) para los feligreses entre semana y los sábados. Desafortunadamente las clases se descontinuaron debido a la falta de estudiantes, ya que la gente no podía asistir a diario, y por cuestiones económicas.

"Además enfrentan un doble reto, ya que la cultura norteamericana es muy diferente a la de ellos", dijo la hermana Torrieri.

Para Arcides De Jesús, quien trabaja para los servicios sociales católicos de la organización Casa del Carmen, ser parte de la sociedad norteamericana requiere hablar inglés.

"Los hijos de los inmigrantes tiene la oportunidad de recibir una mejor educación, pero los padres se quedan atrás", dijo De Jesús.

La hermana Torrieri ha prestado sus servicios en san William durante los últimos 12 años. Cuando la comunidad hispana comenzó a crecer en el barrio de Olney, se dedicó a ir de puerta en puerta para invitarlos a asistir a la parroquia.

Sabía que estos nuevos residentes se sentirían recomfortados  y contentos de conocer a alguien que hablara español. La hermana aprendió este idioma después de haber vivido en Lima, Perú, durante siete años como maestra de una escuela católica para varones.

"Siempre le ruego a Dios que cuide a esta comunidad, y creo que lo hace. Los hispanos nunca se desalientan, ellos sonríen y no se ven abatidos. Han estado en la área durante muchos años, exponiendo sus vidas incluso bajo el riesgo de ser deportados. Esto es algo tan criminal", dijo la hermana.

El peruano Jesús Ortíz llegó a EE.UU. en 1983. Es un feligrés y un ujier en la parroquia de san William. Según él, su éxito personal se lo debe a la iglesia y dice que sin el apoyo de esta no estaría donde está hoy en día, con un buen trabajo y una familia feliz y con salud.

"No creo que la gente sepa qué tan importante es la iglesia para cada persona. También me preocupa que los jóvenes no entiendan la importancia de la fe", dijo Ortíz.

La parroquia espera poder aumentar sus servicios para la comunidad latina.

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