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En el año 1882 había un latino que vivía en los Estados Unidos que encontraba extremadamente inexacta la manera que su comunidad se retrataba en las páginas de un periódico de Filadelfia.

Como él era escritor no le costó trabajo poner sus pensamientos en papel y enviárselos como una carta al editor del "New York City Evening Post", que terminó publicándola en las mismas páginas en que se había reproducido el articulo del cual se quejaba el escritor.

En la carta al editor el escritor empieza diciendo:

"Nosotros no somos los míseros vagos y enanos sin moral que el periódico "The Manufacturer (de Filadelfia) se imagina; ni tampoco el país de charlatanes, incapaces para la acción, y hostiles al trabajo" que el periódico describía.

La lucha por la independencia de Cuba estaba en su pleno apogeo, y viviendo en la ciudad de Nueva York, Filadelfia y otras ciudades de la costa Este se encontraba una diversa y próspera comunidad de inmigrantes cubanos que habían llegado a los Estados Unidos huyendo de la persecución del gobierno colonial de España que batallaba por sostenerse en el poder en la isla.

Uno de ellos era José Martí, un discípulo de un discípulo del Padre Félix Varela y Morales, el escritor original que había plantado la semilla de la independencia para Cuba en la mente de los cubanos cuando escribió y publicó, aquí en Filadelfia el primer número de "El Habanero" en 1824, 60 años antes de la llegada de Martí a Estados Unidos, quien siguió la misma ruta del exilio del sacerdote Varela.

Martí era intelectual, pero también era hombre de acción, listo para hacer realidad, por su propia mano, puño y letra, el sueño de Varela.

Además de periodista, Martí era un organizador político, ocasionalmente escribía sus "versos del alma" como poeta, y también no dudaba en tornarse en un soldado en los campos de batalla de Cuba, donde finalmente perdió la vida. Hoy se le considera uno de los grandes revolucionarios de la historia de Cuba y toda Latinoamérica.

En Nueva York, a donde llegó en el mes de enero de 1880, Martí vivió por espacio de 16 años en medio de una próspera comunidad de profesionales, empresarios y artistas que se sentían en casa en la gran ciudad. 

Excepto por las percepciones públicas de ellos en los medios de comunicación en inglés, que eran en aquella época los únicos medios a través de los cuales el resto de la ciudad podía enterarse de Cuba y de su cultura.

El artículo en "The Manufacturer" hizo estallar en ira al joven escritor que se había establecido en Nueva York como corresponsal de varios de los principales periódicos en Latinoamérica, y como colaborador ocasional del "New York Sun".

"Los cubanos —escribió José Martí al Evening Post— se les encuentra en todas partes, trabajando como ingenieros, mecánicos, profesores y periodistas".

"En Filadelfia 'The Manufacturer' tiene una oportunidad diaria de ver a un ciento de cubanos, algunos de ellos con historia heróica y digno porte, que viven con el producto de su trabajo una vida muy cómoda. En Nueva York, los cubanos son directores en bancos prominentes, empresarios mayores, médicos con grandes prácticas profesionales, e ingenieros con reputación mundial".

El retrato de esa comunidad, sin embargo, era bastante diferente en la prensa en inglés.

De acuerdo al artículo de opinión publicado en "The Manufacturer" a los cubanos "les disgusta el esfuerzo"; son "inútiles", "lentos", y "descalificados por naturaleza o por experiencia para desempeñar las obligaciones de ciudadanos en un país grande y libre" como los Estados Unidos.

Los intentos de rebelión contra la corona española habían sido para el periódico de Filadelfia "tan miserablemente inefectivos que se han elevado tan solo al nivel de un farsa".

El escritor de 36 años solo echaba humo por su cabeza:

"Nunca fue la ignorancia de la historia y del carácter más miserablemente desplegadas que en esta afirmación tan sin sentido...".

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