Sorpresa o por lo menos un resquicio de extrañeza es la sensación que deja el pasar por la avenida Benjamin Franklin entre calles 16 y 17. Pero no es algo que le pase a todo el mundo. Es más, lo probable es que a nadie le sucede esto. Al menos no por el motivo que a continuación se describe.

Pero antes, y en aras de vestir de ecuanimidad lo que aquí se expone, es necesario decir que, como toda regla tiene su excepción –sobre todo cuando lo escrito hasta ahora ha sido producto ciento por ciento de la suposición–, en algún lugar de esta ciudad debe haber alguien que haya notado que al paisaje del Parkway le falta algo.

No solo se trata de cerca de 81 países cuyas banderas no hacen parte de la galería de estandartes que desde 1976 se exhiben en la avenida. En esta caso, el detalle es ínfimo, tan pequeño como su relevancia.

En fin, un detalle que al final de cuentas ni le quita ni le pone a la elísea y cosmopolita avenida Benjamin Franklin.

Sin embargo, lo que unos llamarían "descuido de un mero formalismo político" y otros una "nueva andanada imperialista", acaba de prender las alarmas en la Oficina de Propiedad Pública de la Alcaldía.

Se trata del tricolor amarillo, azúl y rojo que por estos días ondea atribulado por las violentas ráfagas del viento invernal. La bandera de la República Bolivariana de Venezuela, aunque parecida, técnicamente no es la misma que hoy se sacude y se aferra al lugar que ocupa desde hace 36 años, cuando Filadelfia fue escenario mundial del Bicentenario de la Independencia de Estados Unidos.

La bandera actual –la de acá– no solo mantiene el diseño con el arco de siete estrellas sobre la franja azul, decretado en 1930 por el fugaz presidente venezolano Juan Bautista Pérez. También, el famoso escudo de armas que en 1954 el dictador Marcos Pérez Jiménez hizo poner sobre su extremo superior izquierdo.

Escudo cuyo rótulo de "Estados Unidos de Venezuela" le dio paso al de "República de Venezuela", y cuyo caballo blanco trotó en dirección a la derecha hasta que Hugo Chávez le echara mano a sus riendas en 2006.

Ese año, el ya atornillado comandante decidió adaptar los símbolos patrios a los nuevos tiempos. Para modernizarlos, desempolvó un decreto de 1817 firmado por el propio Simón Bolívar, en el que el Libertador ordenaba que se pusiera una estrella más en honor a la provincia sureña de Guayana.

Dicho y hecho –casi 200 años después–, el 12 de marzo de 2006, Chávez Frías sometió a la sextuagenaria insignia a una cirugía de "alta costura", que terminó produciendo más polémica que cambios reales.

Algunos todavía recuerdan las imágenes de la Miss Universo Stefanía Fernández, quien en plena entrega de su trono como la mujer más bella de este y el resto de planetas, ondeó ante millones de televidentes el pabellón nacional de siete estrellas.

 Al final, ni la propia soberana de la belleza universal pudo evitar que la bandera de Venezuela pasara de siete a ocho estrellas, y en el escudo, además de una espiga y el adjetivo "Bolivariana" entre los nombres República y Venezuela, apareciera un corcel blanco que desde entonces galopa –sin voltear la mirada– hacia la izquierda.

Un saludo a la bandera

Seis años han pasado desde que, como lo explicó la cónsul general de Venezuela en Nueva York, Carol Delgado, el Gobierno decidiera "corrigir un error histórico" y reconociera a Guayana como la octaba provincia del país suramericano.

Seis años que, al parecer, no fueron suficientes para que en  la Oficina de Propiedad Pública de la Alcaldía se percataran del cambio de rumbo del caballo blanco o confirmaran que el nuevo diseño de la bandera es oficial y definitivo; por lo menos hasta el 2021, año en que Chávez planea dejar el poder.

Pese a que la de Venezuela que hoy ondea en Filadelfia parece más una insignia de descuido, un vocero de Propiedad Pública, dependencia a cargo del Proyecto de Banderas Internacionales, le dijo a AL DÍA que su oficina "es consciente desde hace algún tiempo del cambio introducido por el gobierno venezolano".

"Lo que sucede –explicó el mismo funcionario que pidió no ser identificado– es que a veces toma cierto tiempo verificar que, en efecto, los cambios sean oficiales y definitivos".

El representante de la Oficina de Propiedad Pública aseguró que tanto su dependencia como el resto de miembros que conforman el comité del programa, siempre monitorean la evolución de los símbolos patrios de acuerdo con los estándares de la Organización de Naciones Unidas, ONU.

También hizo claridad que muchas de las banderas que hoy hacen parte de la colección están allí por petición de las mismas comunidades que han solicitado que la inclusión de sus pabellones nacionales en el Parkway.

Por su parte, la cónsul Delgado le restó importancia al descuido de la Alcaldía diciendo que "en todo el mundo siguen flameando miles de banderas venezolanas que no corresponden con la versión actual".

La diplomática explicó que en muchos casos los organismos compran varios juegos de banderas y éstas vienen todavía con el diseño anterior.

"Esto es más común de lo que parece. En muchos lugares se compran varios juegos de banderas y lo normal es que la gente las utilice hasta que se desgasten".

Es cierto, una cosa es que el Gobierno venezolano tenga la potestad de cambiar sus símbolos patrios y otra es que pueda cambiar todas las banderas venezolanas del mundo.

Más en ciudades como Filadelfia, en las que, según el mismo vocero citado anteriormente, la mayoría de las veces la idea de izar una nueva bandera en el Benjamin Franklin Parkway proviene de las mismas comunidades inmigrantes.

Sorpresa, y nada más que eso, causa ver una bandera venezolana de siete estrellas. Uno, por lo ya explicado aquí. Dos, porque desde 2006 una manera de identificar políticamente a los venezolanos en el mundo es precisamente por la bandera que veneran.

Y en Estados Unidos es más común cruzarse con venezolanos antichavistas que con fieles seguidores del "socialismo del siglo XXI".

Por ahora, los días de la antigua bandera de Venezuela en Filadelfia están contados. La Alcaldía prometió implementar los correctivos necesesarios para presentar la versión actual del tricolor mientras que, por su lado, el consulado general del país bolivariano prometió ponerse en contacto con la administración municipal y, si es el caso, donarle un juego nuevo de estandartes.

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Edwin López / Redacción AL DÍA