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Confrontado con el alto desempleo y cifras históricas de pérdidas de vivienda el sueño americano ha sido fatalmente impactado en el corazón.

Más de una en 14 viviendas ocupadas por sus dueños en los Estados Unidos está en el proceso de ser rematada ó ya han sido reposeídas.

Luego de que 3 millones de viviendas fueran reposeídas desde el 2007, este año esperamos cifras récord de desahucios por encima del fenomenal 1 millón de viviendas reclamadas por los bancos en el 2010.

Hoy, más de 5 millones de propietarios de vivienda están seriamente atrasados en el pago de sus hipotecas y pronto se sumarán a los 3 millones de propietarios que recibieron notificaciones de vencimiento, remate o desahucio en el 2010.

Pese a los esfuerzos de declarar moratorias en los procesos de evicción, lo que disminuyó en algo el desquiciado ritmo de desahucios del 2010, el verdadero problema radica en el desempleo y en que las familias simplemente carecen del todo de un ingreso para pagar las hipotecas.

Este problema casi fue ignorado durante el Mensaje a la Nación del presidente;  se podría decir que el llamado a la inventiva americana para crear nuevas empresas o hacer que todos nuestros hijos se conviertan en científicos quizá eventualmente solucione el problema.

La víspera del llamado del presidente Barack Obama para echar a galopar el espíritu emprendedor e innovador americano, Evergreen Solar, una compañía financiada en parte por el gobierno de Massachusetts, decidió despedir a sus 800 empleados y trasladarse a la China.

Una visita a Shangai y sus parques industriales constituye una muestra palpable del éxito corporativo estadounidense; enormes compañías estadounidenses pioneras de alta tecnología están ya radicadas en China, echando a galopar la economía real de ese país –'potencia mundial en ciernes', deberíamos realmente decir–.

Estados Unidos ha seguido aparentemente la senda de establecerse como una economía liderada por la sola capacidad cerebral.  Teóricamente nosotros desarrollamos el 'know-how", la tecnología, los conceptos de nuevos productos, y dejamos la tarea humilde de la producción de bienes a naciones 'subordinadas'.

De hecho hemos transferido en bulto la manufactura a países como China, empujando a nuestra economía a crecer simplemente a base del consumo de bienes cada vez más baratos, y permitiendo que el mercado financiero especulativo crezca a punta de préstamos predatorios.

Pese a la buena voluntad del Presidente Obama, no hay señal de cómo millones de estadounidenses volverán a la fuerza de trabajo, fuera de actualizar la decrépita infraestructura de transporte.  

En su discurso el Presidente sí dijo que la economía de la era previa a la recesión –junto con sus industrias y empleos– era cosa del pasado.

"Los ricos reinan sobre los pobres, y el que pide prestado es esclavo de quien le presta", así reza un viejo proverbio;  preguntémonos ¿Qué tan pronto podrá Estados Unidos encontrar una senda hacia la riqueza real de su gente o nos convertiremos en sirvientes de China y de las apátridas corporaciones?  

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