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Gisele Barreto Fetterman at the inauguration. Photo: PA Governor's Office
Gisele Barreto Fetterman en la inauguración en Harrisburg, PA. Foto: PA Governor's Office

Gisele: “Soy más estadounidense que muchos estadounidenses”

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La cita pertenece a la recientemente convertida en segunda dama del estado de Pensilvania, Gisele Barreto Fetterman. La pronunció hace un año y un mes, durante una entrevista exclusiva con AL DÍA, en noviembre de 2017.

Una conversación que es solo una de las las muchas que hemos tenido en los últimos 12 meses, pero hoy, consideramos, puede adquirir un significado adicional, ya que hace una semana la señora Fetterman se convirtió, oficialmente, en la Segunda Dama del estado.

La primera ex DACA y DREAMER que ha alcanzado un alto estatus político en un gobierno estatal en la nación.

Tuve el privilegio de asistir a la ceremonia de inauguración en Harrisburg hace una semana, donde fui testigo de la sutil transformación política que fluye con los fríos vientos de enero en la capital del estado.

Todos los ojos estuvieron puestos, por supuesto, en el gobernador Tom Wolf y su esposa Frances; pero también en el nuevo vicegobernador, John Fetterman, el marido de Gisele, que nunca pasa desapercibido ni por su gran estatura, ni por los tatuajes que posee en lugares estratégicos de su cuerpo.

Pero una parte de la multitud se fijó en una inmigrante brasileña menuda, que vestía de morado y lucía un alfiler dorado con la consigna ‘Inmigrante’. Una dreamer que logró liberarse de los confinamientos legales creados por reglamentos federales para su generación de inmigrantes.

Los más observadores dirán, además, que Gisele ascendió “del brazo” de su esposo.

Aunque en términos políticos, se podría pensar lo contrario:

Que fue Gisele quien abrió el camino, en los esfuerzos de su marido John por llegar a la residencia oficial del vicegobernador en Harrisburg, y, potencialmente, a uno de los dos escaños del Senado de los EE.UU. por Pensilvania.

Todas las pantallas de televisión captaron el momento:

Gisele subió enérgicamente la plataforma frente al Capitolio del Estado el 15 de enero, muy por delante de su esposo, quien siempre hace una pausa en sus discursos para alabar lealmente el reciente estatus migratorio de Gisele, como si fuera ella una llave mágica para abrir puertas en su futuro político.