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El senador de Alabama Jeff Sessions (d) y el candidato republicano a la vicepresidencia de EE.UU., Mike Pence (i) participan el pasado miércoles 31 de agosto de 2016, en un miting en el Centro de Convenciones de Phoenix (EE.UU.). El discurso del…

OP-ED: El ataque de los camiones de tacos y otros cuentos de Trump

Cuando del nominado republicano se trata, la realidad es tan absurda que supera a la ficción.

Es decir, ¿quién hubiera podido pensar que el payaso mayor y dos de sus acólitos más fieles, el enloquecido exalcalde de Nueva York Rudy Giuliani y ese paladín del odio a los inmigrantes, el senador por Alabama Jeff Sessions, aparecerían en público usando gorras con el lema “Hacer a México grande otra vez también”? (Make Mexico Great Again Also)

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Cuando del nominado republicano se trata, la realidad es tan absurda que supera a la ficción.

Es decir, ¿quién hubiera podido pensar que el payaso mayor y dos de sus acólitos más fieles, el enloquecido exalcalde de Nueva York Rudy Giuliani y ese paladín del odio a los inmigrantes, el senador por Alabama Jeff Sessions, aparecerían en público usando gorras con el lema “Hacer a México grande otra vez también”? (Make Mexico Great Again Also)

Créalo o no, así lo hicieron momentos antes del discurso racista de Trump sobre inmigración el miércoles pasado, inmediatamente después de su reunión en México con el presidente de ese país. En ese discurso, el candidato republicano repitió su promesa de levantar un muro en la frontera con México y obligar a los mexicanos a pagar por él. 

Aparentemente “Making America great again” ya no es suficiente para Trump, quien ahora parece haber decidido “salvar” a México “también” – y sabe Dios a cuántos países más.

¿Y quién pudiera haberse imaginado que el nominado republicano sostendría una surrealista conferencia de prensa junto al caricaturesco presidente mexicano, con su extraño peinado ridículamente sostenido  por horquillas tal y como lo reflejan numerosas fotografías? 

No cabe duda, la realidad supera a la ficción.

Y entonces tenemos al pobre Marco Gutiérrez, fundador de algo llamado Latinos for Trump, haciendo una sombría advertencia sobre un peligro terrible que, según él, se cierne sobre la nación.

 “Si no hacen algo al respecto, tendrán camiones de tacos en todas las esquinas”, afirmó un preocupado Gutiérrez durante una entrevista con Joy Reid, de MSNBC, la semana pasada. 

Gutiérrez tiene razón, es horrible, primero llegan los camiones de tacos y detrás puede venir una invasión de mariachis…

No bien hubo Gutiérrez comunicado sus temores, un nuevo lema se apoderó de las redes sociales: “Un camión de tacos en cada esquina” se convirtió en el burlón grito de batalla de los opositores de Trump y los devotos de la comida mexicana. 

Tal es el absurdo que hasta los pocos partidarios hispanos de Trump lo están abandonando a toda carrera, sobre todo después de que el burdo candidato republicano reiterara la semana pasada su intención de perseguir y deportar a los inmigrantes masivamente.

 “En este momento no veo cómo puedo apoyarlo. Así que le estoy retirando mi apoyo”, le dijo a Prensa Asociada Alfonso Aguilar, presidente de Latino Partnership for Conservative Principles. “Yo esperaba algo muy diferente”.

Vamos  Mr. Aguilar, ¿dónde ha estado usted toda su vida? No venga ahora a decir que usted y sus compañeros defensores del racista Trump no sabían con quién trataban. Después de todo, desde el primer momento este hizo del odio a los inmigrantes la pieza central de su campaña. ¿Se acuerda cuando lanzó su campaña con las siguientes palabras: “Ellos (los mexicanos) traen drogas. Traen crimen. Son violadores. Y supongo que algunos serán gente buena”?

Imaginémonos durante un par de minutos cómo serían los próximos cuatro años si este estafador profesional lograra llegar a la Casa Blanca. Y entonces repita conmigo: No cabe duda, la absurda realidad supera a la ficción.