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El ingeniero Rafael Reif, de origen
venezolano, tomó el pasado 21 las riendas del prestigio Instituto Tecnológico de
Massachusetts (MIT, en inglés) con el empeño de romper las barreras por
renta y nacionalidad en el acceso a la educación superior en Estados
Unidos.

Reif ha pasado de nacer en una familia humilde en
Venezuela a liderar un centro de la elite educativa mundial, y ahora
quiere que esa posibilidad de progreso vital forme parte del ADN de las
universidades.

"En EE.UU. y, sobre todo, en universidades como
el MIT, no importa de dónde uno viene o si tiene dinero, lo que aquí
importa es que uno trabaje duro, que uno aprenda. Si uno hace eso, debe
poder llegar a sitios", auguró el nuevo presidente de la
institución.

Admitió que queda trabajo por hacer y, en su
discurso inaugural ante estudiantes, científicos y líderes académicos,
detalló -como buen ingeniero en microelectrónica- su fórmula para los
próximos años.

El presidente del MIT, un centro privado, se
propone cambiar el tradicional modelo de campus, muy arraigado en estas
pequeñas ciudades del saber en EE.UU., y combinar la formación en
persona con la educación a distancia, mucho más barata.

La
fórmula Reif tendría un doble efecto económico, según desgranó:
mejoraría el acceso al conocimiento de personas de rentas inferiores y
rompería "el modelo financiero insostenible" de las universidades
estadounidenses.

En este sentido, el flamante responsable del
MIT recriminó que el modelo financiero de las universidades de EE.UU.
haya generado deudas acumuladas "inaceptables".

Esa dureza
concuerda con la gestión financiera de Reif en los últimos años desde el
Rectorado del MIT, que fue clave para que la comunidad universitaria lo
eligiera en mayo como nuevo presidente.

Reif se atribuye
haber eliminado hasta 50 millones de dólares de déficit estructural del
ente y fue el responsable de idear los recortes en gasto para capear los
efectos de la crisis financiera mundial.

Hoy subrayó que
apostar por las tecnologías a distancia reduciría también "el problema
creciente del costo" de la educación y los problemas de "muchas familias
que encuentran su precio insoportablemente alto".

Lo mencionó
en un momento en que el endeudamiento del estudiante estadounidense ha
llegado a niveles récord y lo recordó en un centro universitario donde
estudiar le cuesta a un alumno unos 55.000 dólares al año de media.

"Las nuevas tecnologías educativas están haciendo posible a muchos
individuos aprender habilidades y contenidos de alto nivel a un precio
mínimo", defendió Reif, que ya había iniciado en los últimos años cursos
a distancia.

Pese a sus propuestas innovadoras, el ingeniero
accede a la presidencia de una institución ligada a las tradiciones,
como demostró su acto de presentación ante la comunidad universitaria,
animado por el himno oficial del MIT interpretado por alumnos y
coloreado por el desfile de miembros académicos de varias universidades
vestidos para la ocasión.

Entre centenares de birretes y
togas, se escondió un gorro de lana y con la bandera venezolana
estampada: era Claudia Pérez d'Arpino, de 26 años, estudiante de
doctorado en Robótica y llegada de Latinoamérica al MIT hace un mes.

"Realmente es maravilloso ver cómo un venezolano se convierte en el
presidente del MIT, es un orgullo para mí y para todos mis colegas en mi
país", exclamó.

Para Claudia, su sueño "siempre" ha sido
doctorarse en el MIT, situado en Cambridge, en el área urbana de Boston
(Massachusetts), donde rivaliza con la también privada y reputada
Harvard.

Tanto el veterano científico emigrado de Venezuela
encumbrado hoy como esta joven acabada de llegar se formaron en el mismo
país, fueron profesores en la misma universidad y concluyeron sus
estudios en Estados Unidos.

Ante tales coincidencias, Claudia bromeó: "Caramba, ojalá tengamos caminos similares". 

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