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La emigración que protagonizaron los árabes
de Oriente Medio a América Latina desde mediados del siglo XIX dejó una
impronta en las sociedades de los países de acogida que tuvo su reflejo
en la narrativa de numerosos autores del continente, que abordaron de
diversas formas este fenómeno.

Desde grandes nombres como
Gabriel García Márquez o Jorge Amado hasta autores con ascendencia árabe
como el colombiano Luis Fayad o el chileno Walter Garib, la figura del
emigrante levantino árabe "ha estado muy presente" en la literatura
latinoamericana, afirma en entrevista, el historiador cubano
Rigoberto Menéndez Paredes.

En su obra "Árabes de cuentos y
novelas. El inmigrante árabe en el imaginario narrativo latinoamericano"
(Ed. Huerga y Fierro), que se presenta este martes en Casa Árabe en Madrid,
Menéndez analiza el tratamiento que las letras latinoamericanas han dado
al "turco", el "sirio" o el "moro", como llamaban los locales a estos
inmigrantes.

Procedentes en un primer momento de las
provincias del Imperio Otomano, estos inmigrantes libaneses, palestinos o
sirios, en su mayoría cristianos maronitas y ortodoxos, "fueron
llegando en distintas oleadas, en la segunda mitad del XIX, antes de la I
Guerra Mundial e inmediatamente después de la II Guerra Mundial", y en
el caso de los palestinos también desde la creación de Israel en 1948,
afirma el autor.

Casi todos los países del continente fueron
destino de los árabes que "eran recibidos con los brazos abiertos,
aunque en algunos casos, como Chile o Colombia, el proceso fue más
traumático", pero Menéndez destaca, como un rasgo común de esta
inmigración, "la adaptación e integración modélicas".

Entre
los grandes autores latinoamericanos, el inmigrante árabe "es un tema
muy recurrente en las novelas de García Márquez", que inserta personajes
de este origen en "La mala hora" o "El coronel no tiene quien le
escriba", explica el investigador.

El caso de "Cien años de
soledad" es muy curioso -agrega Menéndez- porque "esa comunidad árabe va
surgiendo, va evolucionando y va decayendo junto con el mismo pueblo
mítico de García Márquez, Macondo", pero aún se trata de una
caracterización colectiva.

En "Crónica de una muerte
anunciada" el protagonista, Santiago Nasar, ya es árabe, un cristiano
maronita, y aunque el tema no es la emigración, sino el del honor, él
convierte al personaje central en un árabe".

En Brasil, dos de
las novelas de Jorge Amado tienen a árabes como protagonistas:
"Gabriela, clavo y canela" y "De cómo los turcos descubrieron América".

Si la primera trata de los amores entre el sirio Nacib y la mulata
Gabriela, en la segunda "hay 14 personajes de origen árabe y Amado se
extiende más aún en caracterizar a la comunidad, es la novela por
excelencia de la emigración árabe", afirma el historiador cubano.

También la chilena Isabel Allende presentó un personaje árabe en su
novela "Eva Luna", donde Riad Halabi es "el personaje benefactor, un
hombre que no tiene defectos -excepto el físico del labio leporino- es
el conciliador del pueblo, el mediador, el que ayuda".

"Es un
personaje totalmente positivo, y es que, en general, a los inmigrantes
árabes se les presenta así en la narrativa latinoamericana, hay muy
pocos casos en que se le trata de una forma más despectiva", afirma.

En Argentina, son Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares, en una
colaboración literaria, quienes abordan el tema árabe "de una forma
episódica y rápida en un cuento policial, "Doce figuras del mundo", que
firman con el seudónimo de Honorio Bustos Domecq.

"Lo curioso
es que se aborda una comunidad muy poco conocida, los drusos de Líbano,
que tienen un sentido un poco esotérico en sus ritos, y el cuento trata
de un asesinato que se produce en una cofradía drusa en un pueblo
argentino".

En cuanto a Cuba, Menéndez constata que "el
tratamiento del personaje árabe ha sido muy escaso", y entre las causas
cita que "la asimilación fue tal que los grandes novelistas cubanos como
Alejo Carpentier, por ejemplo, no se decidieron a abordar el tema".

En ese paso fugaz del personaje árabe por la narrativa cubana, el
escritor Anton Arrufat, de origen sirio, habla de un personaje
sirio-libanés en apenas dos páginas.

En su libro, Menéndez se
detiene también en el análisis de varios autores de origen árabe, como
el chileno Walter Garib, cuya obra "refleja muy bien lo traumático que
fue la emigración en Chile".

Y el colombiano Luis Fayad "también deja ver los problemas que tuvieron en un principio los árabes que llegaron a Colombia".

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