La moda, la música y la veneración por los cultos de Jesús Malverde y la
Santa Muerte gozan de una excelente popularidad en Sinaloa, en el oeste
de México, estado-cuna de importantes narcotraficantes y donde la gente
común y corriente rechaza ser como ellos, aunque abiertamente les
admira.

Jesús Malverde, considerado el "patrón" de los
narcotraficantes y venerado como "santo", sin reconocimiento de la
Iglesia católica, es un ejemplo a seguir en Sinaloa. Encarna al bandido
bondadoso que recuerda al narcotraficante su compromiso con el pueblo.

La Santa Muerte es un culto seguido en todo México por unas dos
millones de personas, entre ellas algunos narcotraficantes y
delincuentes, que veneran la imagen de una mujer con tez blanca, rasgos
finos y larga cabellera.

En Sinaloa y otros lugares de México
existe el término "buchón", con tintes peyorativos, que se refiere a
aquellas personas fanáticas del mundo de los narcotraficantes que, sin
embargo, jamás formarán parte de los grupos criminales.

Pedro
Pérez tiene 24 años, es conductor de autobús urbano y siempre ha soñado
con ser un hombre respetado, el orgullo de su familia e ídolo de su
mujer.

Su primer "narcocorrido" lo escuchó a los 12 años. Era
la historia de Lamberto Quintero, un narcotraficante que murió en 1976,
"muy cerquita del Salado", como dice la canción.

"Yo no le
hago a la droga, nunca lo haré, es algo que mi mamá me enseñó, pero eso
no me quita que me encanten los corridos. Me gusta la cerveza y soy un
mujeriego descarado", explicó a Efe.

Viste una playera
llamativa, con dragones rojos estampados, adornada con brillantes
plateados y una gorra de parecida estética, adornada con una hoja de
marihuana.

Para Pedro ser llamado "buchón" carece de connotaciones negativas.

"Lo 'buchón', como le dicen, se lleva en la sangre. Es algo que te
gusta y ahí te quedas. Yo no le hago a las cosas sucias pero las
respeto, es gente que se rifa la vida y por eso las admiras", expresa,
al volante de su unidad.

En casi ningún estado mexicano es tan
evidente como en Sinaloa, ubicado en el noroeste de México, el aprecio
por estos héroes populares en torno a los cuales se ha generado una
especie de "narcocultura" irresistible.

Gloria Lizárraga
regenta en Mazatlán un negocio de gorras y cinturones. Ha sido
vendedora ambulante durante más de 25 años y explica que el precio más
alto del negocio lo tienen las hechas con diamantes de imitación y
bordados de la Virgen de Guadalupe, Jesús Malverde -el santo de los
narcotraficantes- o la hoja de marihuana.

Lizárraga lo ha
entendido a la perfección. Ni la ropa deportiva de los equipos ni la del
superhéroe de la historieta venden tan bien como una gorra "buchona".

"Todo mundo quiere una, no importa que no sea original mientras dé el
'gatazo' (engañe). Cualquier cosa que parezca que tiene diamantitos les
llama la atención", explica.

Ropa, joyería, música y hasta
creencias religiosas, ningún detalle se descuida, en todos los aspectos
hay un guión establecido.

De ello está convencida Karla Osuna,
dependienta de una tienda esotérica, quien afirma que creer en Jesús
Malverde o en la Santa Muerte es cuestión de fe y necesidad a la vez.

En su local la norma es clara y abierta: "Todos tienen derecho a rezarle a su Dios", cualquiera que sea.

A Malverde "lo buscan mucho porque es como el patrono, pero ahora
también buscan a la Santa Muerte, a ella se le pide protección", agrega
esta vendedora de figuras esotéricas.

La admiración por los
narcotraficantes desde hace años se plasma en "narcocorridos",
composiciones musicales que pregonan historias, justifican las muertes,
enaltecen al líder, lo humanizan y a su muerte lo convierten en leyenda.

"Me apodan 'Ejecutor', soy el que cobra las cuentas, soy el que
levanta lacras, el que cabezas revienta, el abogado del diablo, verdugo
de traicioneros, bajadores y madrinas (chivato) que le sirven al
gobierno", señala un fragmento del último éxito en ese género del grupo
Komander.

La banda cuenta con miles de adeptos, algunos de los
cuales ven en el subversivo criminal a una especie de líder moral cuyo
ideario se mueve entre el poder, el lujo y la lealtad, y que se juega la
vida a menudo en el negocio.

"No quiero ser como él, no creo
que me animara a matar, pero se me enchina la piel de lo bonito que se
escuchan las historias, te emocionas es inevitable", comenta Pedro a los
mandos de su autobús.

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Adriana Arvizo / Redacción AL DÍA