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La familia Porras, natural de Villa Ahumada, en el estado mexicano de Chihuahua, e integrada por veinte miembros, ha pedido asilo político en Estados Unidos alegando que en México fue sometida a persecución, a decenas de amenazas y a hasta el asesinato de dos familiares.

Según relató César Porras, toda la familia, incluidos cinco niños, se decidieron a salir de sus hogares el pasado 19 de junio sin nada de equipaje, con tan sólo lo que llevaban puesto.

Salieron de sus casas y abandonaron sus negocios y todas sus pertenencias, para huir como fugitivos por temor a que la violencia que sufrían se cobrara la vida de otro familiar.

Cuatro días después, el 23 de junio, Carlos y su familia llegaron escoltados por miembros de la Procuraduría General de la República Mexicana al puente internacional de Las Américas, para pisar suelo estadounidense en El Paso (Texas).

"Estamos seguros que la razón principal de nuestra persecución es nuestra afiliación política al Partido de Acción Nacional (PAN) en una población completamente controlada por priístas y por el crimen organizado", aseguró César.

El abogado de la familia, Carlos Spector, solicitó para la mayoría de los miembros de la familia permisos de trabajo y para moverse por todo el país, tramite que podría demorarse hasta dos meses.

"Este es un caso emblemático. No conozco ningún otro caso en el país desde la Revolución Mexicana que salga una familia enterita, de veinte integrantes", dijo el propio abogado.

En su opinión, "las peticiones de asilo político han cambiado radicalmente" en este país en los últimos años debido a la violencia que se vive en el país vecino.

Según explicó, anteriormente solicitaban asilo individuos que tenían problemas políticos particulares y en algunos casos de inseguridad, mientras que "ahora son familias enteras".

De hecho, Spector asegura estar a cargo de unos setenta casos de familias que solicitan asilo en el país de forma conjunta.

"Aunque ya presentamos la solicitud de asilo, vamos a tener que esperar hasta cuatro años para que nos den la primera audiencia para los Porras", lamentó el abogado.

Mientras tanto, y según relató César, a la familia se le hace "muy duro" verse sin nada y aceptar que su vida ha dado un giro radical, ya que en Villa Ahumada eran influyentes comerciantes que poseían hasta ocho negocios, dedicados a la venta de alimentos, de ropa y otros objetos.

"Sentimos que nuestra vida cambió de la noche a la mañana. El día del padre asesinaron a mi papá, Rodolfo Porras Gonzáles, y el 19 de junio mientras mi hermano Jaime visitaba su tumba, un día después de haberlo enterrado, le pegaron un tiro en la cabeza y quedó ahí tirado en el panteón", relató César.

"A mi hermano no lo pudimos enterrar. Lo enterraron el sacerdote del pueblo y unos vecinos. Tuvimos que huir por temor a que alguien más de nuestra familia terminara asesinado", añadió el joven de 30 años.

Héctor Armando Porras González, hermano del fallecido Rodolfo Porras, contó que de Villa Ahumada huyeron escoltados por la Policía federal, dejando todo tras ellos, y luego supieron que en cuestión de horas varias bandas de delincuentes saquearon sus viviendas, las quemaron y se apropiaron de sus pertenencias.

"Nosotros no teníamos problemas con nadie, somos gente buena y trabajadora, sin embargo en Villa Ahumada de unos tres años para acá la situación se empezó a descomponer. Ahora todo lo manejan los delincuentes, la policía está comprada", agregó Héctor Armando.

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