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La poesía de los objetos de la vida cotidiana y el humor, a veces con un toque negro, que impregnan la obra del mexicano Gabriel Orozco han llegado a la Tate Modern, de Londres.

Orozco es un artista polifacético, que trabaja en distintos soportes, desde la escultura a la fotografía, pasando por la pintura, el dibujo y los llamados "objets trouvés" (objetos ya hechos), que él, sin embargo, manipula lúdicamente.

Cuando otros, como Jeff Koons, recurren en sus creaciones al gigantismo y a lo espectacular, la mayoría de la veces simplemente decorativo, Orozco muestra que lo pequeño y lo humilde es hermoso y nos conmueve mucho más.

Lo primero que encuentra el visitante a la exposición, que estará abierta hasta abril, es una foto que muestra el torso, los brazos y las manos de artista imprimiendo sus dedos en una masa de arcilla.

El resultado de ese gesto, titulado "Mis manos son mi corazón", aparece en una vitrina próxima: Un trozo de arcilla con la huella que han dejado sus dedos y con la forma aproximada del músculo cardíaco.

Otro de los objetos más icónicos es una calavera auténtica sobre cuya superficie el artista dibujó con grafito pequeños cuadrados negros como los de un tablero de ajedrez, que se van luego distorsionando y adquiriendo una forma romboide.

Según cuenta una de las comisarias de la exposición, la española Iria Candela, esa obra es anterior a la famosa calavera tachonada de diamantes del británico Damien Hirst, quien supuestamente se la quiso comprar a Orozco.

Es en cualquier caso como otras de las obras de la exposición, por ejemplo, la titulada "Pelvis", ejecutada en barro y que muestra esa parte del esqueleto, además del torso, una cabeza y los húmeros; un "memento mori" que Candela relaciona con la influencia del barroco español en la cultura mexicana.

Orozco siente por otro lado una clara fascinación por todo lo que implica movimiento y, así, una de las obras más impactantes de la exposición es un viejo Citroen DS que encontró en un cementerio de vehículos en París y que seccionó en tres para eliminar la parte central y reconstruirlo de nuevo.

El automóvil adquiere así, no sólo una forma más aerodinámica, sino que, por otro lado, se parece más a un féretro, en lo que podría considerarse una alusión a los muertos en las carreteras.

Otros objetos industriales modificados y convertidos en esculturas son unas bicicletas de Rotterdam a las que eliminó sillines y manillares y que volvió a ensamblar para formar con ellos una original escultura, o el ascensor que sacó de un viejo edificio de Chicago y que también seccionó para acomodarlo a su propia altura.

Muy humorística es la mesa de billar ovalada con tres bolas, dos blancas y una roja colgada del techo a modo de péndulo, con la que el visitante puede jugar utilizando los tacos que encuentra a la entrada de la sala; como poético es el tablero de ajedrez multiplicado por cuatro en el que la única figura es el caballo. Su título: "Caballos corriendo sin fin".

Hay también una escultura cinética consistente en un ventilador de techo con hojas de papel higiénico suspendidas de las aspas que no dejan de girar, obra concebida en una visita a la India por este artista viajero.

Una instalación creada especialmente para la Tate es la titulada "Chicotes", para la que Orozco reunió restos de neumáticos que se reventaron en las carreteras de México y que siguen oliendo a goma quemada.

Muy representativa de su poesía de lo efímero es la instalación "Linteles", en la que el artista ha utilizado los materiales residuales de todo tipo -desde trozos de tela hasta pelos- que se quedan en los filtros de las secadoras de las lavanderías, y que el artista ha colgado de cuerdas como si se tratara de ropa puesta a secar.

Para la obra titulada "Dial Tone", Orozco rompió las páginas de un directorio telefónico de Nueva York y pegó los números, unos junto a otros, sin los nombres de las personas a las que correspondían, en un rollo de papel de arroz japonés de diez metros de largo, mientras que en otra ocasión extrajo y reprodujo las frases más significativas de las necrológicas de distintas personas aparecidas en "The New York Times".

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