Cuando la gente se apasiona, se vuelve descuidada.

Ésa siempre ha sido mi queja con los activistas de la inmigración, ya sea con el lobby que exige fronteras abiertas o con los nativistas que piden sellar el país y esconder a niños y mujeres. En su celo por probar que su solución es las mejor para el futuro de nuestro país, cometen el error de generalizar excesivamente el término "inmigrante".

En un entorno en que la caza de brujas de los inmigrantes ilegales está contribuyendo directamente al hostigamiento y a la discriminación de todo el que tiene un acento extranjero o la apariencia indescriptible de no ser un ciudadano nacido en Estados Unidos, no es de sorprender que algunos activistas —por la frustración de lo que se ha convertido, en múltiples formas, en un movimiento anti-hispano— tiendan a glorificar a los inmigrantes. Pero sus buenas intenciones son tan peligrosas como el deseo de los que procuran pintar a todos los inmigrantes como una amenaza. 

Recordé este hecho el 4 de julio, cuando comencé a ver comentarios en los medios sociales elogiando la ceremonia de naturalización en la Casa Blanca conducida por el presidente Obama, mientras implicaban que los 25 miembros activos de las fuerzas armadas que fueron juramentados no sólo eran no-ciudadanos sino también inmigrantes ilegales. 

Sin duda, es impactante y alentador escuchar al presidente honrando las contribuciones al país de los inmigrantes, mientras tantos otros ignoran su trabajo y los presionan para que se auto-deporten. Pero algunas secciones de la blogosfera hispana se dejaron llevar por la emoción de la ceremonia y la consideraron como una reivindicación de positivos, trabajadores y patrióticos inmigrantes ilegales. 

Bueno, no estoy aquí para criticar a la población de inmigrantes ilegales sino para señalar los peligros de las generalizaciones excesivas, incluso las que los describen en forma halagadora.

Primero, no suscitemos dudas innecesariamente sobre los 25 miembros de las fuerzas armadas que provienen de 17 países y que se convirtieron en ciudadanos el Día de la Independencia —ninguno de ellos era un inmigrante ilegal. Como señalaron correctamente muchas versiones noticiosas del evento, los residentes que están en el país ilegalmente no pueden incorporarse a las fuerzas armadas. 

Hay un número pequeño de soldados en servicio activo que, a pesar de su categoría no-legal, se las arreglaron para pasar la severa investigación de antecedentes de las fuerzas armadas. Enfrentan el espinoso proceso de legalizar su situación, bajo una ley de 1952 que lo permite, pero pueden esperar resultados diversos. 

La situación poco clara de ese grupo ilustra apropiadamente la naturaleza dispar del término aglutinante "inmigrantes" y cuán impreciso es incluir a éstos en amplias categorías. 

"La confusión con el aspecto militar ha sido preocupante en estas dos semanas pasadas, porque mucha gente lo comprende incorrectamente. Muestra, en realidad, la necesidad de educación sobre cómo funcionan la leyes migratorias", expresó Michele Waslin, analista senior del Immigration Policy Center, con sede en Washington, D.C. "La ley migratoria es sumamente compleja y la gente cree que uno es legal o no lo es, aún cuando hay una gran variedad de tipos diversos de situaciones". 

Waslin me dio una lista de diversas maneras temporales y permanentes de estar en el país legal e ilegalmente, que a veces se superponen o se transforman; todo el espectro, desde estar en el país con visas de trabajo, estudios y vacaciones, a estar en diferentes etapas de solicitud de una tarjeta verde. Además hay situaciones temporarias protegidas, que pueden modificarse repentinamente, y varias modalidades de limbo legal, como la recientemente anunciada "acción diferida", que confiere una categoría que no es ni legal ni ilegal. 

El problema es que borrar las líneas divisorias entre inmigrantes legales e ilegales, aunque no sea más que para humanizar a la población más deshumanizada de Estados Unidos, echa abajo a todos los inmigrantes en lugar de elevar a todos ellos. Créanme, nadie reaccionará más enérgicamente, si lo acusan de estar ilegalmente en este país, que un inmigrante que no lo está.  

Independientemente de las posiciones apasionadas sobre la inmigración ilegal, todos debemos estar atentos e intentar comprender a nuestra población inmigrante —y debemos guardarnos de caer en generalizaciones simplistas.

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Esther Cepeda