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Tengo una lista de cosas que quiero enseñar a mis hijos —de 3,5 y 7 años de edad. Casi encabezándola está ésta: 

Habrá decepciones en la vida. Cuenten con eso. No van a obtener todo lo que quieran. Habrá ocasiones en las que competirán por algo y se quedarán cortos. Ganar es fácil. Lo que importa es cómo se responde a una derrota. No se conviertan en víctimas y no echen la culpa de su fracaso a nadie más. De lo contrario, habrán fracasado dos veces.

Aparentemente, Abigail Fisher, de 22 años, nunca aprendió esa lección. Si lo hubiera hecho, nos hubiera ahorrado a todos muchos problemas —y hubiera dejado un espacio libre en la lista de causas de la Corte Suprema. 

En 2008, se le negó a Fisher el ingreso a la Universidad de Texas. Fisher presentó una demanda, diciendo que la universidad estaba discriminando contra ella porque es blanca. 

Eso es una locura. Pero, afortunadamente para Fisher, en Estados Unidos hay partidarios de la locura. Hay muchos estadounidenses quienes, en el tema de la acción afirmativa, piensan que se está empujando a los blancos a la parte posterior del ómnibus y que se los priva sistemáticamente de sus derechos, como sucedió con los latinos y afroamericanos en el siglo pasado. Para los que piensan de esta manera, es fácil creer que las minorías tienen más ventajas que los blancos. 

Mitt Romney expresó a un grupo en Boca Raton, Florida, que —si él fuera latino— tendría más posibilidades de ganar la contienda presidencial. Como si el ser blanco fuera un obstáculo. 

A muchos estadounidenses nunca les agradó la idea de que la raza y la etnia formaran parte del proceso de admisión a las universidades. Y a medida que pasa el tiempo, les gusta aún menos. 

Gran parte de la reacción negativa proviene de individuos que consideran que se está discriminando contra los estudiantes blancos en el proceso de admisiones. 

Este argumento sería más persuasivo si no hubiera un flujo permanente de solicitantes blancos que ingresa todos los años en universidades de todo el país. Aún así, cuando una persona piensa que tiene derecho a más cosas, no está dispuesta a conformarse con menos. 

¿Quién sabe? Hasta podría obtener una audiencia en la Corte Suprema, que en dos ocasiones anteriores ha estudiado este tema. 

En 1978, en el caso de Regents of the University of California v. Bakke, los jueces fallaron en contra de un programa de vacantes reservadas según la raza, en UC Davis Medical School, pero permitieron que se tomara en consideración la raza como uno de muchos factores. Y en 2003, en Grutter v. Bollinger, la corte ratificó la política de ingreso de la Escuela de Derecho de la Universidad de Michigan, expresando que la escuela tenía la imperiosa necesidad de obtener una "masa crítica" de estudiantes de minorías y que el enfoque sobre la base de la raza era aceptable, si se consideraban otros factores. 

Ahora, en Fisher v. University of Texas, la corte acaba de escuchar los argumentos orales y deberá fallar si la principal institución del sistema universitario público del Estado de la Estrella Solitaria fue demasiado lejos al tratar de admitir más alumnos latinos y afroamericanos para seguir el ritmo de los cambios demográficos del estado. 

En Texas, el 12 por ciento de la población es afroamericana y el 38 por ciento, latina. El cuerpo estudiantil de la Universidad de Texas en Austin —con sus 52.000 estudiantes— cuenta sólo con un 4,5 por ciento de estudiantes afroamericanos y un 18 por ciento de latinos. 

Para mejorar esas cifras, la universidad cuenta con una política por la que el 75 por ciento de las vacantes van a los estudiantes que se gradúan en el 10 por ciento superior de su clase en la escuela secundaria, pero el 25 por ciento restante va a estudiantes que ingresan bajo un proceso que sopesa varios factores, entre ellos, la raza y el nivel socioeconómico. 

Mira tú. Se admite a un cuarto de los estudiantes según parámetros que la Corte Suprema ya ha fallado, dos veces, como permisibles. ¿Dónde está la infracción? 

Fisher asistió a la Universidad del Estado de Louisiana y se graduó hace unos meses. Esperemos que, en la universidad, haya tomado un curso de matemáticas. Porque entonces quizás pueda comprender, finalmente, lo que le ocurrió. 

Incluso si la UT en Austin eliminara su programa de diversidad mañana, y llenara toda la clase que ingresa con estudiantes provenientes del 10 por ciento superior de sus escuelas secundarias, Fisher tampoco hubiera sido admitida. Se graduó en el 12 por ciento superior. Es decir que no entró en el grupo numérico. 

Es cierto, es decepcionante. Pero no es discriminación.

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