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En plena recuperación de la crisis económica, los latinos siguen enfrentando dificultades a la hora de navegar el mercado inmobiliario, lo que ha llevado a miles de familias a perder su hogar. Pero un programa en Filadelfia ofrece esperanza.

Norma Esquilín de Sánchez, durante una sesión del Programa de Desviación de Ejecuciones Hipotecarias Residenciales de Filadelfia el pasado 9 de agosto. Foto: Samantha Madera/AL DÍA
 

Para Norma Esquilín de Sánchez, residente del noreste de Filadelfia, conservar su casa se convirtió en una decisión entre hacerse cargo de su hijo discapacitado o pagar su hipoteca. También entre la vida y la muerte. 

Treinta días de retraso en el pago de su hipoteca bastaron para que recibiera la terrible noticia de que podría perder la casa en la que ha vivido en el área de Juniata por más de 16 años. 

"Comprar la casa fue un esfuerzo enorme porque yo tenía mi nene enfermo con muchas máquinas", dijo Esquilín. 

Con el mismo esfuerzo intentó ponerse al corriente, pero cuando logró juntar el dinero para hacerlo, luego de esos 30 días, fue demasiado tarde.

"Cuando recibí la carta, me puse a llorar y me puse muy nerviosa", dijo Esquilín, quien desde hace seis meses mantiene una lucha por conservar su casa.

La presión fue tanta que la depresión se adueñó de ella y la llevó al hospital.

"Me angustié tanto de pensar que podía perderla que me dio un infarto", dijo la boricua de 42 años de edad.

Ella es tan solo una de tantas personas que se enfrentan a la amenaza de una ejecución hipotecaria, un mal que afecta de manera desproporcionada a los latinos en Estados Unidos.

Sube y baja

 
El índice de ejecuciones hipotecarias en EE.UU. llegó durante el primer trimestre del 2012 a su nivel más bajo desde el 2007, pero para el segundo trimestre del año, aumentó en 125 áreas metropolitanas, entre ellas Filadelfia.
 

Aunque el índice de ejecuciones hipotecarias en la nación llegó durante el primer trimestre del 2012 a su nivel más bajo desde la recesión del 2007 —por debajo de las 200.000, según la firma RealtyTrac— para el segundo trimestre del año, aumentó en 125 áreas metropolitanas, entre ellas Filadelfia.

En la ciudad del amor fraternal, el total de familias que perdieron su vivienda aumentó 30 por ciento desde la segunda mitad del 2011.

Probablemente, muchos de ellos obtuvieron antes del colapso del mercado de vivienda en el 2007, un préstamo depredador y subpreferencial —caracterizados por altos pagos y tasas de intereses, y por no tomar en cuenta el historial crediticio de un individuo o si éste puede o no pagar el préstamo.

Según el Center for Responsible Lending, los hispanos fueron más de dos veces más propensos a obtener este tipo de préstamos... Incluso en casos en los que podían haber calificado para una mejor hipoteca. 

Según el Centro de Progreso Americano, el 30,9 por ciento de hispanos y el 41,5 por ciento de afroamericanos recibieron préstamos más caros de los que debían haber obtenido, en comparación con el 17,8 por ciento de blancos —esto en 14 de los principales bancos de la nación. En términos prácticos, esto puede agregar hasta unos $100.000 de intereses al costo de una hipoteca. 

En plena recuperación de la crisis económica y la recesión que sacudió al país, los latinos siguen enfrentando dificultades a la hora de navegar el mercado inmobiliario. 

"Lo que veíamos antes era mucha gente con préstamos muy malos. Lo que vemos ahora es mucha gente con préstamos buenos, pero que no pueden hacer los pagos", dijo Rachel Gallegos, del Programa de Desviación de Ejecuciones Hipotecarias Residenciales de la Corte de Quejas Comunes de Filadelfia.

Una encuesta de Latino Decisions, del 2011, evidenció que la mitad de los participantes había gastado gran parte, si no es que todos sus ahorros, para mantenerse a flote con los pagos de su hipoteca.

Miembros del Poor People's Economic Human Rights Campaign (PPEHRC) en Filadelfia participaron el pasado primero de agosto en una protesta contra lo que consideran son políticas injustas de los bancos que han llevado a miles de familias a perder sus viviendas.
 

Por otra parte, una encuesta de Fannie Mae, llevada acabo en el 2011, evidenció que el 31 por ciento de las minorías que tienen una hipoteca están "debajo del agua" (término utilizado para referirse a aquellos casos en que el valor de una casa se ha devaluado por debajo del balance de un préstamo), en comparación con el 23 por ciento del resto de la población.

Respecto a la ejecución de hipotecas, según CAP, los latinos enfrentan un índice del 11,9 por ciento, en comparación con el 9,8 por ciento entre afroamericanos y el 5 por ciento entre blancos. 

Pero las ejecuciones hipotecarias no solo afectan de manera desproporcionada a las familias hispanas, sino que también tienen impacto en sus comunidades.

En abril pasado el National Fair Housing Alliance (NFHA) entabló una queja formal ante el Departmento de Vivienda y Desarrollo Urbano en la que argumentaba que las propiedades en áreas blancas en diez centros urbanos de la nación, entre ellos Filadelfia, recibían mejor mantenimiento que las que se encontraban en áreas pobladas por personas de color, lo que aumenta las probabilidades de que estas se conviertan en foco de crimen.

"Es evidente que los bancos responsables de otorgar préstamos insostenibles a las comunidades de color y de alimentar la actual crisis inmobiliaria siguen dañando a esas comunidades al fallar en mantener las propiedades", dijo Shanna L. Smith, presidenta de National Fair Housing Alliance.

Tomando en cuenta el crecimiento de la población latina en Filadelfia, ciudad que creció por primera vez en seis décadas en gran parte por la población latina que hoy representa el 12,3 por ciento de la población general, así como en EE.UU., donde una de cada seis personas son de origen hispano, habría que analizar el impacto que las ejecuciones hipotecarias entre este grupo, tienen en la nación.

Según un reporte del Centro de Progreso Americano, la solución a nivel nacional podría estar en la disminución de la cantidad que una familia debe como parte del préstamo, un proceso conocido como "reducción principal", una manera de restaurar la equidad de una propiedad "debajo del agua" y de disminuir de manera permanente los pagos mensuales de una hipoteca. 

Sin embargo, la Agencia Federal de Financiamiento de Vivienda prohíbe que dos de las compañías más grandes de financiamiento de la nación, Fannie Mae y Freddie Mac, utilicen este método, por lo que un cambio de política al respecto podría ser parte de la solución para enfrentar los problemas que los latinos y otras minorías enfrentan en el mercado inmobiliario. 

Esperanza en Filadelfia

 
La jueza Annette Rizzo, de la Corte de Quejas Comunes, en entrevista con AL DÍA.
 

Mientras tanto, en Filadelfia, la jueza Annette Rizzo ha tomado la iniciativa y desde el 2008 ha implementado en la corte de quejas comunes el Programa de Desviación de Ejecuciones Hipotecarias Residenciales, el cual obliga a los bancos a negociar con los clientes que se encuentran en riesgo de una ejecución hipotecaria para intentar llegar a un acuerdo que les permita conservar su vivienda. 

"La ejecución hipotecaria es un problema que afecta a todos los barrios de la ciudad, y en Filadelfia tenemos una gran diversidad cultural. Entre los hispanos puede haber una barrera de lenguaje, pero estoy muy orgullosa de decir que contamos con un mecanismo para hacer frente a esto", dijo la jueza Rizzo, cuyo programa trabaja con organizaciones hispanas que proveen servicio en español, como Esperanza, Congreso, Concilio, Norris Square Civic Association, HACE y CEIBA.

Desde entonces, el programa ha atendido más de 20.000 casos. De ellos, el 70 por ciento ha decidido participar activamente en el programa, y el 35 por ciento de ellos ha conservado su vivienda. 

Cada jueves, cientos de personas se dan cita en el cuarto 675 de la alcaldía a partir de las 9:00 de la mañana.

De 250 personas que acudieron el pasado 9 de agosto, unos 25 eran latinos.

Entre ellos se encontraba Esquilín, quien luego de cuatro visitas, parecía sentirse optimista de poder conservar la casa que comparte con cuatro de sus hijos, entre los 11 y 18 años de edad, uno de ellos con retraso mental.

Mientras espera ansiosa en la corte por una respuesta, Esquilín sonríe llena de Esperanza.

"Las cosas se ven bien... No podemos dejar que nos quiten nuestra casa porque ha sido mucho el esfuerzo y hemos recibido ayuda", finalizó.

Un buen momento para comprar

 
Hiram Carmona
 

Pese al panorama de las ejecuciones hipotecarias, Hiram Carmona, encargado del programa de consejería de vivienda de la ciudad, considera que es un buen momento para que las familias hispanas en Filadelfia se aventuren a comprar una vivienda.

Esto tomando en cuenta que las tasas de intereses están más bajas que nunca, por debajo del 3 por ciento; el alquiler de una vivienda suele ser más caro que los pagos de una hipoteca; y que a diferencia de otras ciudades en las que el valor de las viviendas ha disminuido, en Filadelfia el valor se ha mantenido.

Pero Carmona agregó, que para dar el gran paso, hay que "tener un ingreso estable, buen crédito y saber manejar el dinero".

Y es que no solo se trata del bienestar de una familia, sino de una comunidad.

"Cuando los residentes de una comunidad son dueños de vivienda, esa comunidad es más estable que cuando hay más viviendas en alquiler", dijo Carmona. "Los propietarios de una vivienda invierten más en su comunidad".

Agregó que debido al tiempo de vida de las hipoteca, que generalmente se extienden por décadas, el hecho de que una familia tenga estabilidad económica para comprar una vivienda, no garantiza que siempre podrá hacer los pagos. Sin embargo, eso no debería detener a una familia de comprar una vivienda.

"En 30 años de una hipoteca  puede suceder cualquier cosa", dijo Carmona. "Cuando uno ve que no puede seguir haciendo los pagos, lo importante es buscar ayuda inmediatamente".

*La línea Save Your Home Philly está disponible en el teléfono (215) 334-4663.
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