Que bueno es ver a gente decente destacarse en su trabajo. 

Eso me vino a la mente después de ver a Raúl Ibáñez pegar un jonrón de dos carreras en la parte baja de la novena para empatar el primer juego de la Serie de Campeonato de la Liga Americana el pasado sábado en el Yankee Stadium. 

El pelotero de ascendencia cubana de los Yankees de Nueva York vino al plato con dos outs y el marcador 4-2 a favor de los Tigres de Detroit. 

El bambinazo de Ibáñez fue otro eslabón de la cadena de momentos mágicos que el bateador zurdo de 40 años ha forjado para el equipo del Bronx este año. 

Dos días antes, Ibáñez pegó dos jonrones milagrosos en el cuarto encuentro de la Serie de Campeonato de División contra los Orioles de Baltimore. El primer cuadrangular empató el partido 1-1 en la parte baja del noveno.

El segundo cantazo le dio la victoria de 2-1 a Nueva York en el decimotercer episodio y elevó tanto al animó de los Yankees que ganaron la Serie de División en el quinto juego.

Con sus tres jonrones dramáticos en los playoffs, Ibáñez se convirtió en el primer bateador en conectar tres bambinazos que empatan o le dan la ventaja a su equipo en la novena entrada o más tarde en el juego en una postemporada. Johnny Bench pegó tres de esos cuadrangulares pero no todos fueron en una misma postemporada. 

Ibáñez comenzó a usar su bate como varita mágica en la temporada regular. Este bateó .320 con dos dobles y dos jonrones como bateador emergente. Sus dos bambinazos como emergente fueron sensacionales; ocurrieron en momentos propicios tarde en la temporada. Uno, dejó en el terreno a los Atléticos de Oakland el 22 de septiembre. El otro, empató un desafío en la novena entrada contra los Medias Rojas de Boston el 2 de octubre. Ibáñez terminó dando el hit de la victoria contra Boston en la decima segunda entrada de dicho juego para ganar el encuentro y convertirse en el primer jugador en la historia de los Yankees en empatar un partido con jonrón en la novena y dejar en el terreno al enemigo con remolque en entradas extras. 

Ibáñez fue efectivo también como bateador designado. Este terminó la temporada regular bateando .240 pero sus 92 imparables remolcaron 62 carreras y siete de sus 19 jonrones cambiaron el ímpetu del juego para ayudar a darle la ventaja a los Yankees en el encuentro.  Once de sus 19 cuadrangulares ocurrieron después de la sexta entrada. 

Tanta admiración ha engendrado Ibáñez con sus hazañas que los fanáticos en la Gran Manzana imitan a los de los Phillies en cuanto a sus serenatas hacia él. En el Bronx, sin embargo, el canto es una versión larga de la palabra 'Cool' (nítido). 

Ibáñez se merece toda la atención que su magia esta produciendo. Él es un caballero dentro y fuera del terreno. En sus 17 campañas en la gran carpa, se ha ganado el respeto de sus compañeros de equipo y sus adversarios. 

Su sorprendente éxito en el 2012 no es evidencia para criticar a posteriori a los Phillies por dejarlo marchar de Filadelfia. Una de las fuentes de la magia de Ibáñez este año proviene de ser usado como bateador designado y de no haber jugado tanto a lo largo de la temporada regular. 

Su magia no es casual, es producto de su buen uso por los Yankees y de su afán en el trabajo. Por eso es bueno verlo destacarse en sus labores.

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Will González