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Antes de hacer canciones, los integrantes de "Las Cafeteras" alzaban la voz, y también las pancartas, en manifestaciones.

                                                                                                                         Foto de cortesía: Piero F. Giunti.
 

La voz de la lucha por la justicia social de los latinos e inmigrantes se hizo canción cuando un grupo de amigos en East L.A., encontraron en el son jarocho del estado mexicano de Veracruz, la inspiración para expresar sin apologías su identidad como chicanos.

Así nació "Las Cafeteras", quienes el próximo 31 de agosto se presentarán en Longwood Gardens, en Kennett Square —unas 30 millas al suroeste de Filadelfia.

Ahí iniciarán una gira nacional e interpretarán material de su segundo álbum "It's Time", días antes de su lanzamiento al mercado.

La audiencia de la región de Filadelfia tendrá la oportunidad de escuchar el sonido del requinto, la quijada, el cajón, el marimbol, el zapateado y la versada —instrumentos y elementos típicos del son jarocho, pero que los integrantes de "Las Cafeteras" han adaptado de acuerdo a su propia experiencia como chicanos.

"Hay quienes consideran que el mexicoamericano no es suficientemente americano, ni suficientemente mexicano", dijo José Cano, percusionista de la banda. "Pero esta es nuestra experiencia y vale".

Mientras hay quienes se dirigen a los "chicanos" de manera despectiva, ellos hacen alarde como tales.

"Nos hemos identificado así con orgullo", dijo Cano. "Esperamos que otras personas que viven las mismas circunstancia que nosotros se vean inspiradas a hacer lo mismo".

Circunstancias que no siempre han sido optimas, pero que los han hecho sensibles a lo que promulgan en sus canciones.

"Tenemos familiares que cruzan la frontera y que tienen problemas con el estatus migratorio", dijo Cano. "Entendemos lo que la gente sufre para sobrevivir. Queremos cantarle a esas personas y decirles que es lo más humano del mundo querer salir adelante".

Pero incluso antes de hacer canciones, los integrantes de "Las Cafeteras" alzaban la voz, y también las pancartas, en manifestaciones.

"Nos conocimos en la lucha, en la protesta y en demostraciones por la justicia de nuestra comunidad", dijo Cano. "Cuando nos juntamos como agrupación esos temas seguían siendo muy importantes y nos inspiraron a crear música".

La agrupación surgió en el 2005 luego de que seis jóvenes, sin educación formal en música, tomaron clases gratuitas de son jorongo en el centro comunitario Eastside Café, de donde se inspiraron para adoptar el nombre de "Las Cafeteras".

"Solo dos de los integrantes habían tocado música antes de aprender a tocar son jarocho, para los demás fue el primer instrumento y la música que aprendimos a tocar", dijo Cano.

En esta música, que invita a todos a participar, vieron una oportunidad para promover la autonomía y solidaridad en su comunidad en El Sereno al tiempo que compartían la música folclórica del sur de Veracruz.

Si bien ya estaban familiarizados con otros géneros musicales mexicanos de mayor popularidad, como el mariachi o la banda, no fue hasta que escucharon el son jorongo que se sintieron motivados a explorar sus raíces a través de la música.

Lo mezclaron con la música con la que crecieron, un poco de rap y de hip hop, y adaptaron las letras de sus canciones de acuerdo a su propia historia, interpretándolas en inglés, español y por supuesto espanglish.

De clásicos como "La Bamba" nació "La Bamba Rebelde", a la que agregaron frases como "yo no creo en fronteras, yo cruzaré, yo cruzaré", y "ya no llores llorona, ya no llores llorona, por las leyes racistas en Arizona".

Esa banda que comenzó casi como una casualidad, tocando en eventos comunitarios, escuelas, iglesias, fiestas y bodas, ahora abre conciertos para Ozomatli, La Santa Cecilia, Los Dandys, Carla Morrison, Lila Downs, Kinky, Aterciopelados y HopPo! (proyecto alterno de Ruben, vocalista de Café Tacuba). También para Edward Sharpe and the Magnetic Zeros, David Wax Museum y Zack de la Rocha, de Rage Against the Machine.

Pero para Cano la satisfacción más grande es "hacer música con un contenido de justicia social que le guste a la gente", o esas "ocasiones cuando estamos tocando y un viejito saca un verso y se pone a cantar, o se levanta una señora y se pone a zapatear".

Los logros de "Las Cafeteras", quienes continúan apoyando las clases de son jorongo en el centro comunitarios donde se formaron, podría ser la mejor muestra del compromiso que tienen con su comunidad. También del mismo objetivo del Eastside Café, de creer que toda la gente de una comunidad tiene el derecho de ser determinante de su propia vida y de poseer el poder para hacer de ese objetivo una realidad.

Mientras tanto, "Las Cafeteras" seguirá cantando. 

"La lucha está integrada a la música, tiene que tener un sonido y un ritmo que despierte el animo, tiene que tener un himno, un recordatorio de que al final aspiramos siempre a algo mejor", finalizó Cano.

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