Moonlight: lirismo contra los prejuicios

Una evidencia : la manera más fácil de complacer un público es entregarle lo que espera. Basta con ratificar prejuicios, confirmar estereotipos, y todo el mundo sale tan contento. Nada nuevo. En política le llaman demagogia, lo teorizaron los griegos : al día de hoy es el arma de batalla de campañas populistas como la de Trump. El cine comercial, el estadounidense sobretodo, también ha sabido sacar provecho, por supuesto. Desde hace varias décadas la industria de Hollywood se dedica exclusivamente a reproducir en la pantalla grande, de un modo idealizado, las imágenes y los mitos que constituyen el ideario de su audiencia y que, en cierta medida, la industria misma sembró para poder explotarlos luego. Millones y millones de personas pagan para escuchar lo que ya saben, ver lo que imaginan, y así regresar a casa con la tranquilidad de estar en lo correcto.

En Moonlight, quizá la mejor película del año, se trata justamente de recorrer el mismo proceso pero en sentido inverso : la idea central es retomar lugares comunes, reunir estereotipos y convocar prejuicios para luego desmontarlos paso a paso, minuciosamente, a lo largo de una narración que, precisamente porque niega la complacencia, mantiene al espectador al borde de la silla. 

Quizá habría que decir que Moonlight es, antes que nada, una película hermosa, lírica, llena de momentos poéticos, como lo indica su título. No hay una trama, en el sentido estricto de la palabra, con un conflicto y un desenlace, solo fragmentos de una vida estructurada en tres partes : niñez, adolescencia y adultez. El personaje es un afroamericano homosexual en un barrio marginal, Chiron, un ser vulnerable tratando de descubrise y afirmarse en un espacio en el que aún prima la ley del más fuerte.  Su historia, quizá en otra película, sería la historia lastimera de un chico que lo ha perdido todo : el amor de su madre, el respeto de los otros chicos, las ganas de vivir, el sentido de la identidad. Pero en la película de Barry Jenkins, la historia de Chiron es, en medio del desgarramiento, algo totalmente distinto. Moonlight es, en el fondo, aunque cuesta verlo, una historia de amor sacada de Hollywood,  pero situada en un contexto y vivida por un tipo de personajes que, justamente, desmienten el mito del amor comercial. Así como desmonta el estereotipo del vendedor de drogas, el de la madre adicta a la heroína o el del homosexual que se ha liberado de las presiones sociales, Jenkins le da la vuelta al mito más poderoso que se ha inventado el cine en Estados Unidos. Lo maravilloso en Moonlight es que el amor –por la vida, por el otro, por uno mismo– al liberarse del corsés de las fórmulas, aparece como algo insólito, pocas veces visto. Algo simple y precioso, como el agua o la luz de la luna.

Spanish
Main Topic: 
Posted Date: 
Friday, February 17, 2017 - 7:20am
Caption: 
Trevante Rhodes interpretando a Chiron, el personaje central de Moonlight, film dirigido por Barry Jenkins. Foto: David Bornfriend / A 24

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Plain Text Author: 
David Franco